Por José Manuel Nieto Jalil
Artículo de opinión

Alan Turing, matemático (1912-1954), junto al científico norteamericano Marvin Minsky (1927-2016) han sido considerados por varios autores como los padres de la Inteligencia Artificial. Turing fue el primer científico en sentar sus bases, mientras que Minsky fue capaz de desarrollar estos pilares iniciales, planteando que un mayor conocimiento del cerebro permitiría crear máquinas más inteligentes.

Últimamente la financiación de proyectos de inteligencia artificial a nivel global está creciendo de manera exponencial. En 2012 se concretaron 160 operaciones por un monto aproximado de 600 millones de dólares, en 2016 se financiaron 658 proyectos con monto superior a los cinco mil millones de dólares.

Según estudios, es probable que su crecimiento sea de tal magnitud que para el año 2025 alcance los 36 mil millones de dólares. Habrá que ver si se trata de una revolución equiparable, en su capacidad de transformación, a la que generó Internet, pero lo cierto es que la inteligencia artificial está ya en el centro de nuestro futuro.

Éste no es un tema totalmente nuevo, sino que ha sido usado por largos años por diferentes empresas, por ejemplo, Amazon utiliza algoritmos predictivos para ofrecer acciones basadas en su historial de búsquedas, como el aprendizaje automático que completa las expresiones de búsqueda, y a menudo, logra predecir acertadamente lo que busca el usuario.

Por su parte, Facebook la utiliza para detectar publicaciones con contenidos que vulneren sus políticas, como la apología del terrorismo y el discurso del odio, mientras que Google hace lo propio en Gmail para organizar el correo y detectar spam.

Cuando apareció el término de inteligencia artificial en los años 50, se tenía acceso a una cantidad muy limitada de datos, y por ello esta tecnología no evolucionó con la velocidad que se preveía. Actualmente la industria 4.0 ha dado alas a la inteligencia artificial permitiendo evolucionar a capacidades que habían permanecido dormidas durante décadas.

Estamos ante el comienzo de otra gran convergencia: el aprendizaje automático, el análisis y la gestión de datos a escalas casi infinitas, y el aumento del poder de cómputo. Esta convergencia convertirá la inteligencia artificial en esencial.

Imposible concebir un aspecto de nuestro futuro que no se vea afectado por ella. Es precisamente por ello, acompañado por la creciente e imparable explosión de datos, que la IA se ha posicionado como la tecnología esencial de las próximas décadas.

Que una inteligencia se haga consciente y trate de asumir el control o imponerse sobre los demás, queda todavía muy lejos. Sin embargo, la preocupación existe.

Un informe del Foro Económico Mundial cree que los avances en esta materia pueden romper con la banca tradicional y tendrán un impacto significativo. Los nuevos modelos operativos completamente nuevos y las dinámicas competitivas con características tan destacadas como una mayor personalización del servicio, más velocidad en las relaciones, mejores servicios de asesoramiento, soluciones colaborativas, aprovechamiento de datos, automatización de la vida financiera de los clientes, son algunas de las mejoras presentes en el mercado.

La IA como impulso a la economía

Coches autónomos, sistemas de reconocimiento de voz, o diagnósticos de enfermedades gracias a complejos algoritmos, no resulta ya disparatado ni futurible. De hecho, las máquinas ya han asumido algunas de las tareas más repetitivas de los trabajos. El talento humano puede dedicarse así a tareas de mayor valor. Esta tecnología ya está presente en casi todos los sectores y los expertos auguran que irá destruyendo empleo redundante de forma progresiva. Están cambiando nuestra forma de trabajar, comunicarnos y hasta divertirnos. En definitiva, nuestra forma de vivir.

La inteligencia artificial integra varios conceptos como el machine learning o el deep learning, otorgando a los ordenadores la capacidad de aprender sin haber sido programados de manera directa para ello, entrenándolos con miles de ejemplos para identificar patrones en los datos, para así actuar de forma anticipada posteriormente. Las recomendaciones al realizar búsquedas, los filtros en los emails, el reconocimiento de voz y el lenguaje natural son algunos ejemplos de machine learning. Por su parte, el deep learning (aprendizaje profundo) es una subcategoría de machine learning que procesa la información siguiendo el funcionamiento de las redes neuronales del cerebro humano.

Este sistema logra una comprensión ampliamente detallada de los datos, y equivale a una forma de razonamiento inteligente. Por ejemplo, al visualizar una imagen, primero identifica una forma a partir de sus pixeles, después sus bordes, los contornos, y así sucesivamente hasta identificar la imagen.

Funciones como el reconocimiento del habla, el reconocimiento de imagen o el procesamiento de lenguaje natural son ejemplos de deep learning.

La tecnología puede hacernos más humanos, al darnos más libertad para ser más creativos. Pero los apocalípticos auguran una destrucción masiva, de hasta 57% según los más pesimistas, de empleos tradicionales. Los optimistas difieren creyendo que la revolución tecnológica generará nuevas profesiones y más trabajo.

Que una inteligencia que se haga consciente de que es inteligente y trate de asumir el control o imponerse sobre los demás, queda todavía muy lejos. Sin embargo, la preocupación existe.

La velocidad a la que se expanden los nuevos inventos aumenta de manera exponencial, cada vez más rápido.  El teléfono fijo le costó 65 años llegar a cien millones de hogares, mientras que Facebook alcanzó esa cifra en sólo cinco años y Pokémon Go lo hizo en 25 días. Hoy existen en el mundo el doble de dispositivos móviles que habitantes. Aunque todavía tres mil 900 millones de personas carecen de acceso a Internet, siete de cada diez entre 20% de los más pobres del planeta poseen un teléfono móvil, a veces antes que agua potable.

La inteligencia artificial se está convirtiendo en la tecnología más importante en cuanto al progreso y las mejoras en calidad de vida que potencialmente puede causar en la historia de la humanidad. En 2060 se estima que la inteligencia artificial superará por vez primera a los humanos y alcanzará la singularidad. Las máquinas estarían entonces en disposición de autoeditarse y evolucionar de manera exponencial.

Sobre el autor

El doctor José Manuel Nieto Jalil es Director de Mecatrónica de la Escuela de Ingeniería y Ciencias en el Tecnológico de Monterrey, campus Sonora Norte

DEJA UN COMENTARIO

Por favor agrega un comentario!
Favor de ingresar tu nombre