Por Miguel Angel Martínez Martínez

No se necesita la ciencia ficción para mostrar los avances de la vida actual. Hoy día ya  resultan ordinarios los mecanismos automáticos con los cuales se pueden realizar operaciones tan dispares entre sí como acceder al entretenimiento con la misma identificación con la cual se ingresa a la escuela, por ejemplo; y al mismo tiempo, actualizar un dispositivo entre una multitud de aplicaciones y plataformas que ofrecen una sensación de libertad absoluta. Libertad de movimiento, de realización, de opciones, sería la situación en la cual nos encontramos por los avances científicos, técnicos y humanos.

Sin embargo, a cada momento en que estos dispositivos son utilizados, las restricciones espontáneas y las horas de mayor frecuencia, señalan la posición de cada uno, lícita o ilícitamente, y se imprime una huella que genera la posibilidad de una modulación absoluta.

Estas estrategias o prácticas no son novedad, vienen de lejos. Desde el siglo XVIII, se estableció una nueva forma para garantizar la felicidad entre los seres humanos. Religiosos, filósofos, sociólogos, estadistas y psicólogos compartieron sus saberes para señalar con contundencia que no era suficiente la bondad de las acciones individuales, sino la intervención estratégica del gobierno era necesaria para garantizar la felicidad y experimentarla en nuestras vidas.

Los primeros resultados fueron la creación de espacios de sanción y disciplina donde las cárceles, las escuelas, los hospitales y las fábricas, que alcanzaron su apogeo a comienzos del siglo XX, organizaron los tiempos y las distintas actividades, así como las formas de relación, para producir no sólo mercancías, bienes o servicios, sino también para construir las condiciones para una vida que merecía ser vivida.

Aunque los comportamientos y conductas estaban bien delimitados en aquellas sociedades, aún no se garantizaba la felicidad, pues había muchos comportamientos y nuevas fuerzas que se irían posicionando de mejor manera. Las antiguas disciplinas ya no funcionaban porque la sociedad había dejado de ser lo que antes era. La crisis de sentido era evidente. Las familias, las organizaciones, los hospitales, las instituciones habían perdido rumbo y se requerían nuevas estrategias para garantizar la felicidad política y económica.

Por ello, se establecieron nuevos mecanismos para que la sociedad se autolimitara y el gobierno no fuera la única instancia para establecer el orden necesario. Así, las leyes se diseminaron a los distintos espacios de relación, desde el público hasta el íntimo, pasando por el espacio privado; ámbitos donde progresivamente los reglamentos, normatividades, protocolos, entre otras estrategias, fueron organizando la vida de los seres humanos con el objeto de producir, multiplicar y garantizar las libertades para que cada una de las personas realizara cualquier actividad en función de la felicidad colectiva.

De esa manera, la vida se fue organizando. La alta competitividad, las condiciones económicas mundiales, así como los avances en los derechos humanos hicieron una combinación entre la conectividad y la motivación individual. El entusiasmo por ser productivo y la valoración social se consolidaron como una estrategia para generar estabilidad afectiva. La búsqueda de apoyos y de espacios de visibilidad y reconocimiento genera mayores cuotas de vulnerabilidad.

¿Somos verdaderamente libres?

El anhelo de muchas personas por la motivación constante, por la participación en cursos de capacitación, por el desarrollo de habilidades intelectuales, físicas y actitudinales se encuentra impulsada por una productividad incesante que garantice la práctica de una libertad ejercida a través de la creatividad que es solicitada. Esa libertad se encuentra orientada por una intervención gubernamental permanente, con el objeto de generar alternativas, de producir bienes y servicios, de ser útil en las sociedades del rendimiento.

Aún ahora, los saberes de las ciencias establecen la relación invisible entre la productividad y el desarrollo de condiciones adecuadas de vida. La generación de explicaciones científicas organiza los tipos de subjetividades y corporalidades en función de evitar la producción de personas conformistas, inseguras y dependientes. Por el contrario, es necesario establecer mecanismos que incrementen la creatividad y fortalezcan los espacios de vulnerabilidad en función de ser más productivos. De esta manera deben evaluarse las situaciones inconvenientes y saber tomar decisiones y medidas adecuadas para reducir el espacio de error. Mejorar la organización, el tiempo, los espacios, las actividades, forman parte de los elementos que optimicen los recursos con los que se cuenta.

En medio de esta vorágine de exigencias, de imperativos sociales, de pertenencia y filiación, la singularidad de la persona se diluye hasta extinguirse por nociones generadas desde ideales de productividad y de la felicidad establecida desde un discurso específico.

La incierta realidad que se esconde tras los escaparates y algunos estilos de vida dispone los ánimos para evitar la singularidad y la experiencia particular, en aras de mejores espacios de desarrollo, aunque la vida nos vaya en ello. Será necesario establecer un discernimiento crítico de los mecanismos en los cuales la propia vida ha sido modulada, vigilada e intervenida para orientarla según las propias convicciones.

Autor:

Miguel Angel Martínez Martínez (mimartinez@tec.mx) es Doctor en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Maestro en Filosofía y Crítica de la Cultura y Maestro en Saberes sobre Violencia y Subjetividad. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1 y parte del Grupo de Enfoque de Ética y Estudios de la Paz. Profesor-Investigador del Tecnológico de Monterrey Campus Puebla.

Para saber más:

Miguel Angel Martínez Martínez, “Gestores de sí mismos: una introducción”, en Saberes en conflicto: realidades, teorías y prácticas. Fractales de una realidad en tránsito, Castellanos Editores/UNESCO/Tecnológico de Monterrey, México, 2017, pp. 77-98.

Miguel Angel Martínez Martínez, “Biopolítica de los derechos humanos: un acercamiento desde el pensamiento de Hannah Arendt”, en EnClaves del Pensamiento, Vol. 5, #9, Enero-Junio, ITESM, México, 2011, pp. 25-39.

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