Por Pablo Lonnie Pacheco Railey
Autor invitado

La respuesta es no, y el próximo 3 de octubre NINGÚN asteroide chocará con la Tierra.

En los últimos meses ha estado circulando muchas notas amarillistas asegurando que nuestro planeta está al borde de una catástrofe de proporciones cósmicas, que un asteroide será el apocalipsis de la Tierra y que tras el impacto vendrán días de oscuridad, y bla, bla, bla.

Desde que tengo memoria el mundo se ha “acabado” muchas veces, en voz de profetas y charlatanes, y ahora no es la excepción. Pero no me malentiendan: el asteroide es real; el problema es que mucho de lo que se dice acerca de él es falso. Así que trataré de poner los puntos sobre las íes.

Con frecuencia me preguntan (con asomo de temor) que si me he dado cuenta que últimamente se están descubriendo muchísimos asteroides que pasan cerca de la Tierra, pensando que esto culminará en un evento desastroso. Y sí, es verdad que ahora se descubre más asteroides que nunca, pero eso no se debe a que se han multiplicado los encuentros cercanos, sino a que AHORA contamos con las herramientas para poder detectarlos. Es decir: ya pasaban desde antes, pero no teníamos la manera de saberlo. Las nuevas tecnologías en diseño de telescopios y software de procesamiento son una maravilla que permite darnos cuenta de esta realidad.

Desde los 90 se empezaron a coordinar varios observatorios para sondear la bóveda celeste y tratar de catalogar todos los asteroides mayores a 1 km de diámetro que se cruzaran con la órbita de la Tierra. Estos programas han sido muy exitosos. Tan sólo en el Observatorio Mount Lemmon se han descubierto cerca de 50,000 asteroides en los últimos 10 años y de éstos, se han contabilizado más de 2,000 asteroides potencialmente peligrosos.

Y es aquí donde es necesario aclarar que –en términos astronómicos- un asteroide potencialmente peligroso NO ES UNA AMENAZA para la Tierra. Se definen así los asteroides que pasan relativamente cerca de la Tierra y a la fecha no se ha encontrado uno que ponga en riesgo la civilización humana. Basta que un asteroide pase a 1 millón de km (3 veces más lejos que la Luna) para que digan que es potencialmente peligroso, aunque exista la certeza de que JAMÁS chocará. Y los encuentros con estos asteroides y cometas (unos de roca y metal, los otros de hielo y polvo) acontecen en órbitas que se cruzan como si fueran dos coches circulando en un complejo vial, sin posibilidad de colisión.

En el Laboratorio de Propulsión a Chorro, en Pasadena, California se encuentra el Centro de Estudio para los Objetos Cercanos a Tierra (CNEOS, por sus siglas en inglés) y ellos reúnen los registros de estos cuerpos celestes. No son ellos, necesariamente, quienes hacen los hallazgos, pero procuran estar en contacto con todos los observatorios que, a nivel mundial, realizan monitoreo de asteroides y cometas cercanos. Si bien la NASA auspicia algunos de ellos, la información es pública y se comparte en redes.

¿Y qué sucedería si se detecta que un asteroide se dirige a la Tierra?

Ya ha sucedido en varias ocasiones: y se notificó oportunamente ANTES de los impactos. Casi siempre estos asteroides son tan pequeños y oscuros (negros como un trozo de carbón) que resulta muy difícil anticipar su llegada más que con unos días de diferencia. Y ha sido precisamente su tamaño insignificante (menos de 10 metros) lo que hace que su impacto sea notorio pero inofensivo. Estos asteroides han caído justo en la fecha, hora y lugar anunciado, y se han recuperado meteoritos, que son fragmentos del asteroide (lo podemos llamar también meteoroide); y esto es importante porque nos permite conocer mejor su naturaleza.

Una forma de ponderar el riesgo de impacto que representa un asteroide, es la escala Torino, desarrollada en 1995 por el astrónomo Richard P. Binzel, del MIT y adoptada/ estandarizada por la Unión Astronómica Internacional en 1999. En la escala Torino, el grado de peligrosidad de un asteroide se codifica del 0 al 10 y por color (blanco es inofensivo, rojo es impacto seguro). La escala considera la probabilidad de impacto y sus consecuencias.

En la escala Torino, el asteroide que estará pasando “cerca” de la Tierra el 3 de octubre de 2019 se categoriza como 0 y en blanco, es decir, cero posibilidades de impacto.

Cualquier asteroide menor a 30 metros que colisione con la Tierra está destinado a fragmentarse en la atmósfera al enfrentarse a la resistencia del aire. En estos casos, se observa un bólido muy brillante, espectacular y en casos como el bólido de Cheliábinsk (15 de febrero de 2013) produce una lluvia de meteoritos, que se impactan contra el suelo (o lo que se atraviese) a una velocidad de 300 km/hora. Hubo muchos heridos ese día (alrededor de 1,000 personas), pero no porque les cayeran encima los meteoritos –el bólido pasó a 42 km de la ciudad rusa- sino porque la onda de choque sónica hizo estallar numerosas ventanas, justo cuando muchos curiosos contemplaban a través de ellas el rastro dejado por el meteoro.

Tal vez resulta difícil de creer, pero el impacto de asteroides capaces de liberar tanta energía como una bomba atómica es muy frecuente: alrededor de uno cada seis meses en promedio. ¿Cómo lo sabemos? Gracias a los satélites de uso militar que vigilan la Tierra. Su objetivo es localizar detonaciones de origen humano, pero de paso han descubierto que la colisión contra cuerpos interplanetarios es normal. Cada impacto produce un bólido espectacular y una onda de choque estruendosa, pero la mayoría de las veces estos eventos acontecen sobre el mar o regiones poco habitadas.

Ahora bien, suponiendo que nos damos cuenta de que un asteroide está en ruta de colisión, y su tamaño es mayor de 30 metros ¿Podemos hacer algo para evitar la colisión? Actualmente no; pero es como los huracanes: el aviso oportuno para las personas que viven en el área de mayor impacto puede salvar millones de vidas.

Cuando la tecnología lo permita, un asteroide en ruta de colisión puede ser desviado cuando está aún lejos. Un leve empujón sería suficiente para modificar su trayectoria e impedir que colisione. Difícilmente veremos casos como en las películas, en los que bombardean un asteroide con la intención de proteger a la Tierra, pues la mayoría de los asteroides son muy porosos: están hechos de material que está débilmente unido. Como una pila de escombros rocosos con muchos huecos entre sí. Disparar contra un asteroide para tratar de destruirlo es como si nos aventaran una almohada y tratáramos de desviarla disparándole con una pistola. Seguramente haríamos volar algunas plumas, pero no nos salvaríamos del almohadazo.

Ya se ha disparado una bala contra un cometa (misión Deep Impact) y no hubo cambio de órbita. Y existe una misión que está programada para visitar al asteroide binario Didymos (un asteroide con su propio mini asteroide-satélite). Este esfuerzo conjunto entre la NASA y la ESA llevará dos artefactos, DART y Hera, a tratar de modificar la trayectoria del asteroide pequeño. El experimento NO es riesgoso, pues no se trata de un asteroide potencialmente peligroso, cercano a Tierra.

Retomando el tema del asteroide que nos visita en breve: Se llama 2007 FT3 y fue descubierto el 20 de marzo de 2007 desde el observatorio de Mount Lemmon, en Arizona, EUA. En ese lugar se realiza un sondeo de manera sistemática y automatizada utilizando un enorme telescopio de 1.5 m de diámetro. En la fecha del hallazgo, la Tierra tuvo un encuentro muy fugaz –demasiado breve- con este cuerpo celeste. En poco menos de 30 horas sólo alcanzaron a realizar 14 mediciones, antes de que desapareciera de los detectores. Y es que, como mencioné antes: los asteroides y cometas son generalmente muy pequeños y muy oscuros. Si bien las observaciones fueron suficiente para determinar su trayectoria general (órbita, período, inclinación) existe un margen de error que no permite saber con precisión en qué parte de su órbita se encuentra hoy, por esto mismo se considera que es un asteroide “perdido”. A pesar de esto, no hay duda de que su encuentro próximo debe ocurrir el 3 de octubre de 2019.

¿Recuerdan que en la película de los VENGADORES/ AVENGERS el Dr. Strange analiza 14 millones de posibles destinos y en uno sólo salían victoriosos? Pues bien, los astrónomos hacen algo parecido con la ayuda de las computadoras y tras analizar 11 millones de escenarios posibles, sólo 1 supone posibilidad de impacto. Es más fácil comprar un boleto y ganarse la Casa del Tec a que nos pegue el asteroide. Otros, menos conservadores, calculan que la posibilidad de colisión es de 1/670,000, es decir, 99.999% seguros de que no pasará nada. En este caso, sigue siendo ridículamente diminuta la posibilidad de impacto. La pequeñísima fracción de incertidumbre obedece a que no se ha vuelto a observar el asteroide desde 2007.

Lo que se sabe: es un asteroide tipo Apolo que toma 438 días (1.2 años) para dar una vuelta al Sol y la resonancia gravitacional lo hace pasar relativamente cerca de la órbita terrestre (poco más de 400,000 km), cada 6 años.  Su órbita está muy inclinada: 26°. Pasa casi todo el tiempo por encima o por debajo de la órbita terrestre.  Los asteroides tipo Apolo tienen órbitas mayores que la de nuestro planeta, pero pueden cruzar nuestra órbita acercándose al Sol por dentro de la órbita terrestre, sin chocar (recuerda el ejemplo del complejo vial). Por su lado, la resonancia gravitacional significa que después de varias vueltas alrededor del Sol, la Tierra y el asteroide coinciden nuevamente del mismo lado del Sistema Solar.

Como dato adicional: Se estima que existen alrededor de 2000 asteroides tipo Apolo en espera de ser descubiertos. Hasta ahora se conocen alrededor de 260 y de éstos, sólo 3 se acercan tanto a la Tierra, que pasan por dentro de la órbita de la Luna. Y me pregunto yo ¿Por qué estos tres no fueron tan sonados? Pues porque los charlatanes ni cuenta se dieron.

Se estima que el tamaño de 2007 FT3 es de unos 340 metros (para los que somos de Monterrey, un poco más grande que es estadio de los Rayados) pero no sabemos si su superficie es negra como el carbón o si es metálico (más brillante) Si es negro-negro, entonces podría ser tan grande como 590 metros, pero si no es tan oscuro, entonces su tamaño sería de alrededor de 270 metros.

Y a todo esto ¿a qué distancia se calcula que pasará 2007 FT3? En el caso más cercano, a 138 millones de kilómetros. ¡Esto es más lejos que los acercamientos que tenemos con otros planetas como Mercurio, Venus o Marte!

Este pequeño asteroide estará tan lejos que, otra vez, será muy difícil capturar una imagen decente de él. Habrá que esperar al año 2068, y aún entonces pasará a 24.5 millones de km. Así que no coman ansias, paguen sus deudas y disfruten un buen helado de chocolate.

La vida es bella.
Saludos y cielos despejados

Sobre el autor:

El autor es Doctor H.C. por su contribución a la divulgación de la ciencia; socio desde 1988 y miembro honorario de la Sociedad Astronómica del Planetario Alfa, Vicepresidente de la Sociedad Astronómica de Quintana Roo, director de ASTRONOMOS. ORG, www.astronomos.org, presentador de “Cielos Despejados” en YouTube. Puedes reproducir este artículo libremente de manera total o parcial, siempre que se de crédito al autor y se indique su correo electrónico: pablolonnie@yahoo.com.mx

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