Hackeando territorios. La realidad de los fraccionamientos

Un desarrollo desenfrenado de fraccionamientos privados cerrados está poniendo en riesgo la siempre débil alianza entre humanidad y medio ambiente. ¿Repensar estrategias y campos de batalla puede ayudar a defenderla?

Por Emanuele Giorgi

Los Fraccionamientos Privados Cerrados (FPC) son un fenómeno que se ha vuelto común en los territorios americanos, aunque no siempre conlleven efectos positivos para las ciudades, ni se puedan considerar elementos urbanos sustentables.

Aunque muchas veces no nos damos cuenta, existen muchos impactos negativos que estas estructuras tienen en las ciudades, como la segregación social, la sectorialización del territorio o la desconexión urbana.

En la base de este fenómeno, existe un sistema económico estructurado, capaz de responder a la creciente percepción de inseguridad, y que motiva la difusión de esta propuesta residencial que caracterizará cada vez más los próximos territorios mexicanos. Sin embargo, no se perciben los efectos negativos de los FPC.

Investigadores de la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño del Tecnológico de Monterrey hicieron una encuesta entre los habitantes de la zona norte de la ciudad de León, Guanajuato; donde el 30% es cerrado por los fraccionamientos.

De las 180 personas entrevistadas, el 62% considera que la presencia de FPC no tiene implicaciones (positivas o negativas) en los fenómenos urbanos. Del restante 38% que considera si existen implicaciones en las ciudades, la mayoría piensa que éstas son mayormente positivas que negativas. Sin embargo, la realidad es que, sí hay implicaciones, y en la mayoría de los casos, son negativas: para permitir el desarrollo de los FPC, muchas veces, se cierran calles públicas, complicando la viabilidad urbana y aumentando así el tráfico, la contaminación y la pérdida de tiempo. Además, es común que los FPC no provean de áreas públicas donde los ciudadanos puedan desarrollar relaciones sociales (que son la razón última del existir de las ciudades), o peor aún, el crear áreas cerradas exclusivas hace a los FPC responsables de aumentar la disparidad social urbana.

El problema no está en los FPC como solución a las demandas de servicios y seguridad, sino en la forma en que se diseñan y en la falta de relación que tienen con la ciudad. Es por esto que el diseño urbano-arquitectónico debe pensar en una nueva estrategia de planeación, capaz de proponer fraccionamientos que garanticen servicios y seguridad, y al mismo tiempo, permitan un desarrollo urbano sostenible. Pero, sin lugar a dudas, las fuertes razones económicas y sociales que motivan el diseño de FPC, hacen de éstos un sistema difícil de modificar o perturbar con los tradicionales instrumentos de diseño.

Inspiración digital

Inspirada en la dimensión digital, donde la práctica de revolucionar los sistemas está a la orden del día, la investigación pone en claro cómo repensar estrategias y ámbitos de acción puede permitir el rediseño del ambiente construido y conducir a soluciones innovadoras en la planeación de los fraccionamientos. Como lo destaca Carlo Ratti (La città di domani. Come le reti stanno cambiando il futuro urbano, 2017), si en el mundo digital uno quiere cambiar un sistema, los pasos a seguir son tres:

1- Entender exactamente cómo funciona el sistema.
2- Comprender cómo cambiar el sistema.
3- Adecuar el sistema proporcionando soluciones diferentes y sostenibles.

Este es el procedimiento del hackear: un término frecuentemente asociado con acciones negativas, pero que puede tener un significado positivo si se usa para mejorar un sistema y probar sus capacidades de defensa. Cabe marcar que nuestras ciudades ahora son territorios donde la dimensión física, de la arquitectura y del espacio, se liga indisolublemente con la dimensión digital, de los datos y de la información. Cada vez se habla más de “obiquitous computing” o del “Internet de las cosas” y del hecho de que la generación, la comunicación y el procesamiento de datos ocurre (incluso de manera inconsciente) en cualquier lugar del territorio. Entonces, si los territorios ahora son una combinación de físico y digital, hackearlos significa trabajar en el espacio digital, impactando también el espacio físico.

Pensando en la realidad de los FPC y en su sistema físico, tan difícil de modificar o perturbar, esta oportunidad de trabajar a nivel digital puede permitir abrir una nueva frontera de trabajo y permitir así diseñar territorios donde los FPC no impacten tanto en el ambiente físico y social. Pensamos en aplicar a los FPC todas aquellas tecnologías que ya nos permiten: (1) entender cómo funciona un sistema urbano: por ejemplo, con sistemas de mapeo de fenómenos (tráfico, contaminación, temperatura, congestión de personas, etc.); (2) entender cómo modificar un sistema urbano: definir qué elementos arquitectónicos y urbanos condicionan el sistema (geo referenciar los fenómenos urbanos en un mapa de elementos arquitectónicos urbanos relevantes); (3) tomar posesión de un sistema urbano: con aplicaciones que permiten a los usuarios proporcionar comentarios de manera democrática, informando y organizando comunidades digitales, contribuyendo así a cambiar el espacio urbano.

En este sentido, “hackear” los territorios es una práctica:

  • Participativa: cada quien puede generar datos que permitan entender mejor el territorio y hasta proponer soluciones o plasmar el mondo físico.
  • Rápida: la generación, la comunicación y el procesamiento de los datos ocurre en tiempo real.
  • Ubicua: puede pasar en cualquier lugar del territorio y apoyar al desarrollo uniforme de nuestras ciudades.

Es así que el hackear los territorios puede plasmar el futuro modificando o perturbando, de forma democrática y sustentable, los sistemas urbanos como los FPC que hoy, aunque no nos demos cuenta, afectan nuestros territorios.

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Emanuele Giorgi es profesor visitante de tiempo completo en la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño del Tecnológico de Monterrey en Chihuahua (México), desarrolla actividades de docencia e investigación sobre los temas de comunidades y desarrollo territorial sostenible. En 2012 obtuvo el Máster Europeo en Ingeniería y Arquitectura de la Universidad de Pavía (Italia) y el Shuoshi, Máster Chino de Arquitectura de la Universidad de Tongji en Shanghai (China). Tiene un Doctorado en Ingeniería Civil y Arquitectura obtenido en la Universidad de Pavía, con un supervisor de Tongji Univerity, obtenido con una investigación sobre las comunidades y la relación contemporánea entre el Hombre y el Medio Ambiente (https://www.thinktankcore-a.com/giorgi-tesi). Mantiene relaciones internacionales con universidades extranjeras, en particular gracias a China Lab., que es una red de investigación internacional operativa principalmente entre Italia y China (www.chinaurbanlab.com). En el último año, participó como juez de un concurso de investigación internacional promovido por Climate CoLab del MIT, (EE. UU.) (https://www.climatecolab.org/contests/2017/buildings). Actualmente es revisor de varias revistas y de la organización internacional de investigación AMPS. En 2017, en el marco del 10YFP de las Naciones Unidas y para el “2017 Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo”, ha sido promotor de un Concurso Internacional de Diseño con el Tecnológico de Monterrey, China Lab y la Organización Mundial del Turismo. En 2013 fundó, junto a dos colegas, el think-tank CORE-A (www.thinktankcore-a.com) con el que ganó varios concursos de diseño arquitectónico en los últimos años.

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