Por Omar Lozano García
Artículo de opinión

¿Qué acción tomarías, estimado lector, si te enteras que la sociedad ve mal tu actividad laboral debido a que unas cuantas personas realizaron actividades altamente cuestionables? Esta pregunta resonó fuertemente en la comunidad científica mexicana este marzo pasado, en específico entre los investigadores de nanomedicina y aplicaciones biomédicas, por el caso de fraude en nanomedicina sucedido en Torréon.

Este caso comenzó con una serie de notas periodísticas y entrevistas donde se presenta a Diana Quiroz, una estudiante de Mecatrónica del Instituto Tecnológico de La Laguna, como la ganadora de la Expo Ciencias Nacional, cuyo premio consistió en un viaje al Stockholm International Youth Science Seminar. Dicho premio lo obtuvo por un proyecto sobre la capacidad regenerativa del grafeno. En sus entrevistas, ella aseveró que este material, además de nanopartículas de oro, tiene la capacidad de regenerar diversos tejidos y de curar múltiples enfermedades, incluidas cáncer y diabetes. Dichos desarrollos fueron realizados junto con su hermana, Raquel, y su mamá, Sandra Salomé Casillas Bolaños, ingeniera química de formación.

Dichas notas dieron pie a un revuelo en redes sociales, ya que se presentaban a Diana como una persona que había desarrollado un producto con capacidades sorprendentes, al cual distribuían como suplemento alimenticio. Estas aseveraciones categóricas y contundentes pertenecen a los llamados “productos milagro”, pues bajo la norma mexicana los suplementos alimenticios son productos que nutren, pero no que curan ni tratan padecimientos.

En este contexto, ante tales afirmaciones, era necesario buscar bases o evidencias que pudieran ofrecer una respuesta: por el lado de la experiencia de quien tiene más de 10 años realizando investigaciones en las áreas de nanotoxicología, nanoseguridad y nanomedicina, no existe reporte alguno que sustente tales hallazgos, especialmente bajo el entendido de que dichos nanomateriales (grafeno y oro) no son nuevos en la comunidad científica.

Como sociedad hipercomunicada
es fácil estar en contacto con
información que no es confiable

Haciendo una búsqueda en múltiples bases de datos sobre la mamá de Diana, no me fue posible encontrar artículo científico alguno, o patente alguna que avalara dichas afirmaciones. Más aún, las entrevistas recogen declaraciones que en dos años habían logrado el desarrollo del producto hasta su comercialización, lo cual es un tiempo extremadamente corto para generar un desarrollo biomédico; todo esto independientemente de que los productos los hayan comercializado como suplementos alimenticios, pues tomar la ruta de registrarlo como medicamento implica una fuerte inversión de tiempo, dinero y la aplicación estricta del método científico para generar evidencias de efectos terapéuticos.

Finalmente la nota fue desmentida a los pocos días, sin embargo ya se había hecho un daño a la comunidad. Por un lado, despertó el interés de la sociedad ante una aparente solución de la ciencia a enfermedades devastadoras, como el cáncer y la diabetes. En otra faceta, una vez desmentido el caso, este mismo interés generado se transformó en decepción. En ambos casos se generó confusión y desinformación para la sociedad.

Y es ante este panorama que un servidor se hizo la pregunta con la que comenzamos este texto: ¿qué acción tomar ante este panorama? Si bien como comunidad universitaria podemos refutar o quejarnos ante la sociedad de la existencia de estos casos, donde independientemente del área en que sucedan pueden ser devastadores, es posible encontrar una respuesta que tenga un mayor impacto. Y una respuesta, para nosotros que somos parte de una comunidad universitaria, se puede cristalizar en transmitir a la sociedad una de nuestras esencias de la educación: el método científico.

Como universidad podemos apoyar al desarrollo de una cultura donde con hechos (método científico) se confronten afirmaciones y teorías, que permitan generar conclusiones informadas

Independientemente de la carrera en que uno esté o haya estudiado, todos utilizamos el método científico para generar una hipótesis (o supuesto) y por medio de recolección de datos (diseño de experimentos, encuestas, búsqueda de datos existente, argumentaciones, etcétera) es posible aceptar o rechazar dicha hipótesis. De esta manera, como comunidad universitaria podemos apoyar al desarrollo de una cultura donde a base de hechos (recolección de datos) se confronten afirmaciones y teorías, permitiendo generar conclusiones informadas. Esto se puede realizar al consultar fuentes de información fidedignas, por ejemplo, fuentes de información oficiales, sitios de noticias formales o revistas de investigación con revisión por pares.

El desarrollar este tipo de cultura hoy en día es imperante, pues como sociedad hipercomunicada tenemos una exposición muy alta a la información donde es fácil estar en contacto con información que no es confiable, como este caso de nanomedicina fraudulenta o las fake news. Y dicha exposición a información no confiable siempre tiende a crear en el mejor de los casos confusión entre la sociedad. Y tú, ¿qué harías al respecto?

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El autor de este artículo es investigador posdoctoral de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud, del Tec de Monterrey. Es ingeniero físico industrial por el Tec de Monterrey y tiene un doctorado en Filosofía de la Física por la Universidad de Houston. Es profesor adscrito al Grupo de Investigación en Medicina Cardiovascular y Metabolómica. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores. omar.lozano@itesm.mx

 

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