Por Everardo Elizondo

Leer el periódico y tomar una taza de café son parte indispensable del inicio de mis mañanas. El café sigue siendo placentero…

Si uno se atiene al contenido del común de los artículos en la prensa diaria, “las cosas” en la economía mexicana, durante el sexenio de Enrique Peña, están simplemente muy mal. El crecimiento económico, se dice, ha disminuido; hay decenas de millones de pobres; la desigualdad es “abismal”; se han creado menos empleos; la inflación se ha desatado; la corrupción es un cáncer en metástasis; etcétera.

Sin intención apologética y sin ignorar la gravedad de los problemas, es conveniente recurrir a la objetividad de algunos números. A riesgo de enfadar a más de uno de los lectores de esta nota, aquí va un conjunto de datos comparativos, referentes a los tres sexenios más recientes.

Veamos primero el crecimiento acumulado del PIB real durante cada uno de los periodos aludidos: Vicente Fox (VF), 14.7%; Felipe Calderón (FC), 9.4%; Enrique Peña (EP), 13.6% (si los pronósticos en boga sobre 2018 se cumplen). Así pues, resulta que a lo largo de este cuestionado sexenio la expansión del PIB será bastante más alta que en el anterior y no muy lejos del previo. Que ello es insuficiente, y que ha quedado por debajo de las expectativas, sin duda, pero eso es otra historia.

Pasemos ahora a ver lo sucedido con la inflación. Otra vez, en términos acumulados, y con la salvedad de que no conocemos todavía el número correspondiente a 2018, las cifras relevantes son como sigue: VF, 29.8%; FC, 28.5%; EP, 28.1%. Está claro que no hay entre las tres cantidades una diferencia significativa, para propósitos prácticos. Es cierto que el año pasado hubo un rebote inflacionario notable, pero, en general, gracias a Banxico, la inflación ha estado más o menos bajo control.

En cuanto a la pobreza extrema, según los cálculos del Banco Mundial, allá por los inicios de la administración de VF, la población en tales condiciones era algo así como 9% del total. Se redujo en forma apreciable durante el sexenio siguiente, llegando a 3.4%. El dato más reciente corresponde a 2016 y fue sólo 2.5%. Eso último representaría unos 3 millones de personas, y no los 10 millones que se deploran con frecuencia. En parte, el problema es que no hay una definición estrictamente objetiva y uniforme del concepto de “pobreza”. Por tanto, la discusión es inacabable. Coneval ha contribuido a ello.

¿Y la desigualdad? Para medirla se usa, entre otros índices, el “Coeficiente de Gini”, que puede variar entre cero (perfecta igualdad) y uno. En el 2000, de nuevo según el Banco Mundial, el coeficiente se situaba en un poco más de 51; de ahí en adelante tendió a descender, ubicándose en 2016 por encima de 43. En palabras llanas, la desigualdad ha disminuido, aunque sigue siendo muy alta a nivel internacional. La situación es causa de debates sin término, y de indignación moral para muchas personas.

El tema de la deuda pública es otra cuestión muy debatida. Como proporción del PIB, fluctuó alrededor del 30% allá por los tiempos de VF. Creció unos siete puntos porcentuales durante la administración de su sucesor, FC. Y es probable que termine en 47% al término de la gestión de EP. El alza es un motivo bien fundado de preocupación, pero el deterioro no empezó con EP.

En cuanto al empleo, de acuerdo con el IMSS, el empleo formal ha aumentado con rapidez: 10%, 17% y 23% (parcial) en cada uno de los sexenios considerados, respectivamente. Se puede (des)calificar en muchos sentidos lo apuntado, pero tales son los datos oficiales.

Finalmente, en lo que respecta a la corrupción, Transparencia Internacional estimó para México un índice de 29 en 2017, que es el más bajo en los últimos 20 años, y que sitúa al país en el lugar 135 de una lista de 180. No es, ciertamente, una estadística honrosa. En todo caso, el fenómeno es muy complejo, y no se resuelve con fervorines moralizantes, ni con más policías, ni con el mero voluntarismo de un líder.

En resumen, un examen del pasado reciente, aceptadamente superficial, arroja resultados mixtos. Hay bases firmes para una crítica severa de la administración de EP, pero, para ello, es indispensable atender ciertos números clave, y aceptar que algunos problemas son sólo prolongación y, qué pena, acentuación de tendencias añejas.

Un examen del pasado reciente arroja resultados mixtos: Hay bases firmes para una crítica severa de la administración de Enrique Peña, pero, para ello, es indispensable atender ciertos números clave, y aceptar que algunos problemas son sólo prolongación y, qué pena, acentuación de tendencias añejas.

Everardo Elizondo Almaguer
El autor de este artículo es Licenciado en Economía por la Universidad Autónoma de Nuevo León, y Máster en Economía por la Universidad de Wisconsin. Actualmente es profesor e investigador en EGADE Business School del Tecnológico de Monterrey, y en la Facultad de Economía de la UANL. analysismarginal@gmail.com

 

4 COMMENTS

  1. Muy buen artículo. Sin embargo, aunque son datos oficiales que arrojan las instituciones u organismos; valdría la pena hacer las anotaciones correspondientes y pertinentes en cada rubro para tener una perspectiva más cercana a la realidad, ya que en cado uno existen particularidades y peculiaridades que destacar o enfatizar para así llegar a conclusiones un poco más asertivas.

  2. Buen intento por ser objetivo, pero en mi opinión se emplean cifras que no son comparables (empleo por ejemplo, antes o después de una mayor fiscalización del imss), fuentes limitadas (desigualdad, y que dice el INEGI), fuentes con bajo soporte técnico (corrupción), variables parciales o incompletas (pobreza extrema o pobreza). En fin, es un extraordinario esfuerzo en unas líneas para evaluar y comparar desempeños sexenales.

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