Aaron Swartz y la ciencia abierta

¿Acaso el conocimiento científico debe seguir cerrado? Esa es la pregunta y origen del movimiento que se convirtió en tema global luego del suicidio de Swartz que es un indiscutible emblema del movimiento de Acceso Abierto.

Por María Elena Meneses Rocha.


 

Aunque han pasado cuatro años, resulta imposible dejar de ligar la muerte de Aaron Swartz con la noción de ciencia abierta. El cocreador del formato RSS se suicidó el 11 de enero de 2013. Con su muerte, dejó de luto a la comunidad global de Internet y puso sobre la mesa una discusión inaplazable sobre la ciencia abierta.

Swartz, de acuerdo con Tim Berners Lee, era un joven genio. Sin embargo,  enfrentaba un juicio por haber descargado y hecho público un acervo de artículos científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). De hecho, su propia familia adjudicó el suicidio al juicio que tendría lugar en abril de ese año y que podría haber llevado a la cárcel a Swartz por más de 30 años. Aaron Swartz era alumno de la Universidad de Harvard cuando una noche copió 4 millones de artículos científicos de la base de datos JSTOR del MIT, a la que están suscritas la mayoría de las universidades del mundo.

Los científicos de las diversas áreas del conocimiento, para ser reconocidos y para mostrar sus aportaciones, suelen publicar artículos en revistas arbitradas e indexadas. Su trabajo se mide en parte por el número de artículos publicados en  revistas que después cobran por el acceso, si bien cada vez ganan más terreno las publicaciones abiertas.

El movimiento Acceso Abierto surge como un rechazo a estas prácticas y si bien ha sido puesto en la mesa del debate desde 2001 con la Declaración de Budapest, en 2012 se realizó una protesta de académicos europeos por los altos costos de la editorial Elsevier. Este hecho, de acuerdo con el semanario británico The Economist, provocó que más de 4 mil científicos promovieran no publicar ningún texto en revistas de la editorial holandesa.

Internet ha traído como consecuencia la inevitabilidad de algunos cambios de paradigma, entre estos la forma en que se mide el trabajo científico y como éste se reconoce y se hace público. En la era Internet los saberes pueden estar a un clic. ¿Acaso el conocimiento científico debe seguir cerrado? Esa es la pregunta y origen del movimiento que se convirtió en tema global luego del suicidio de Swartz que es un indiscutible emblema del movimiento de Acceso Abierto.

Hace algunos años, la Comunidad Europea determinó que los Estados miembros deben promover el libre acceso de las publicaciones científicas, producto de investigaciones financiadas con recursos públicos convirtiéndose en un tema relevante del desarrollo digital en esa región. Se trata de una política apoyada por la Unesco, para la cual, una Europa en la que se permita el libre acceso a publicaciones científicas promoverá el aprovechamiento del conocimiento científico para el desarrollo.

El reto para la ciencia es hacer sostenibles las publicaciones científicas y probablemente cambiar las lógicas de reconocimiento a los científicos. Éste es un desafío que en México debemos afrontar.

La autora es profesora-investigadora de la Escuela de Humanidades y Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel II.
marmenes@itesm.mx

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