Por Michael Ramírez.


 

En México, las enfermedades del corazón constituyen desde hace más de 5 años la primera causa de mortalidad, y dentro de éstas, la insuficiencia cardiaca es una de las causas directas, colocándose como un gran problema de salud pública, cuya prevalencia va aumentando en proporciones epidémicas.

Debido a que en los últimos 20 años no ha surgido una nueva forma de combatir esta enfermedad, un equipo de investigadores del Grupo de Investigación en Medicina Molecular, de la Escuela de Medicina, desarrolla tres nuevas estrategias terapéuticas enfocadas a incidir en dicho padecimiento.

El doctor Gerardo García Rivas, director del Centro de investigación del Hospital Zambrano-Hellion, explicó que la insuficiencia cardiaca es la incapacidad del corazón de bombear sangre de forma adecuada para satisfacer las demandas del organismo. “Este complejo síndrome es provocado por diferentes causas, desde hipertensión, diabetes, infartos o enfermedades virales. Es una enfermedad costosa, incapacitante y potencialmente mortal”, dijo.

La primera estrategia consiste en proteger las mitocondrias, que son las estructuras subcelulares encargadas de suministrar la energía celular que se requiere para los procesos de contracción y relajación del corazón. Comentó que el proteger la mitocondria, consecuentemente protege la producción de energía y esto tiene un impacto positivo en la enfermedad.

“Este tratamiento ya está comprobado y hemos publicado varios artículos al respecto. La protección de la mitocondria se ha logrado a través de nanopartículas que tienen como principio activo moléculas de RNA interferente, una tecnología que permite bloquear la expresión de la proteína específica involucrada en el daño, lo cual nos ha permitido proteger de esta enfermedad a algunos animales de experimentación”, señaló el investigador.

Agregó que la segunda aproximación aborda la insuficiencia cardiaca cuando ésta tiene un componente inmunológico. Es decir, cuando las defensas del cuerpo empiezan a producir moléculas que lo afectan.

“Estamos realizando un estudio con roedores para validar la estrategia de cardioprotección, inhibiendo a los linfocitos B, que son las células que están asociadas con la autoinmunidad. Los resultados muestran protección en las pruebas de laboratorio, gracias a ciertas moléculas que disminuyen la actividad de estas células inmunológicas que son dañinas en los estados avanzados de insuficiencia cardiaca. Esperamos tener respuestas positivas en nuestros pacientes”, comentó.

El tercer proyecto se realiza en colaboración con el Centro de Biotecnología FEMSA, y consiste en analizar las moléculas presentes en alimentos mexicanos, como el frijol negro, los cuales tienen la capacidad para evitar que el corazón con insuficiencia cardiaca cambie o se remodele cuando está en condiciones de hipertensión.

“Cuando hay un infarto previo, existen células muertas que están formando parte del tejido, las cuales empiezan a remodelarse y generan grandes fibrosis y cicatrices en el corazón. Lo que se ha descubierto es que ciertas moléculas presentes en el frijol negro y otras leguminosas son capaces de modular la respuesta de la fibrosis e incluso disminuirla”.

Este último proyecto consiste en asegurar que el paciente reciba estos tratamientos sin efectos tóxicos y a su vez buscar marcadores que sugieran que hay buen pronóstico. Se trata un modelo que durará aproximadamente un año.

Numeralia:

22 investigadores trabajan en estos proyectos científicos.

19 artículos científicos.

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