Por Daniela Garza Vara
Ciencia Amateur

Desde pequeña se me ha repetido una y otra vez la importancia de protegerme contra el sol. Mi recuerdo más vívido es el de mis abuelos llenando mi rostro con una pasta blanca cuando viajábamos a la playa, mientras me explicaban que el bloqueador debía cubrir las partes de mi cuerpo expuestas al sol, y que era mi responsabilidad aplicarlo todos los días, aun y cuando estuviese nublado. Sin pensarlo dos veces tomé su consejo y desde ese momento, todos los días por la mañana, me aplico bloqueador solar. Pero, ¡¿qué tal si el bloqueador solar no es tan bueno como nos dicen?!

En mayo de 2019 la Food and Drug Administration (Administración de Medicamentos y Alimentos de los Estados Unidos de América), dio a conocer los resultados de un estudio clínico, en el cuál se afirmó que todos los componentes del bloqueador solar se pueden absorber y trasladar por el torrente sanguíneo, sobrepasando los rangos que se consideran seguros.

¿Por qué se cree que su uso es seguro?

Legalmente, el bloqueador solar está clasificado como un fármaco debido a que se utiliza para prevenir, atenuar o remediar una enfermedad, en este caso, el cáncer de piel y las quemaduras solares, y aunque las leyes para regular los fármacos distribuidos comercialmente se establecieron en los Estados Unidos de América en 1962, y en México varios años después, desde antes de esto, los bloqueadores y protectores solares ya se comercializaban. Por tanto, a partir de que comenzó la regulación para probar su seguridad, se deben hacer listas con los ingredientes contenidos, para así compararlos con la información científica disponible, y poder verificar los efectos en el cuerpo humano. Hasta el día de hoy, 57 años después, no se ha determinado la seguridad ni efectividad de estos ingredientes.

La seguridad en el proceso de aprobación

Actualmente, para aprobar un protector solar, solo se necesita realizar un estudio clínico en diez personas voluntarias. A estos sujetos se les aplica una capa de bloqueador y son expuestos a luz ultravioleta. Al día siguiente se les llama para medir el enrojecimiento e inflamación en la piel. Se pueden descartar hasta 3 individuos, y el valor de protección solar (SPF, por sus siglas en inglés) que es marcado en el bote, es la cantidad de rayos UV que causó enrojecimiento en los 7 individuos restantes. Este método resulta ineficaz, ya que se mide en un grupo muy pequeño de personas y en condiciones que no revelarán el verdadero daño que se puede provocar a la piel.

Incluso, aún si se realizan ensayos clínicos en cientos o miles de personas, no se garantiza un entendimiento completo de cómo se afectará a toda la población después de un periodo prolongado. Por lo mismo, el SPF es normalmente erróneo y puede llegar a ser engañoso para las personas que confían en las etiquetas.

Ante este escenario, es fundamental realizar una investigación científica a largo plazo de los posibles efectos negativos que en un principio pueden permanecer invisibles, en especial en el caso del bloqueador solar, ya que es un producto de uso diario.

A pesar de lo anterior, es importante mencionar que, estudiar el comportamiento del protector solar no es tarea fácil, en especial porque existe la presencia de muchas variables, como los ingredientes, la forma de aplicación, (aerosol, gel, crema), las actividades que se realizan al utilizarlo, el lugar en el que se usa, y la combinación de éstos con otros productos de belleza e higiene. Por lo tanto, es necesaria la generación de nuevas estrategias para probar su eficacia y seguridad.

El desarrollo de técnicas innovadoras siempre será beneficioso, ya que el cáncer de piel es el quinto cáncer más común a nivel global; mientras que el melanoma, el tipo más letal de cáncer en la piel, es la decimonovena causa. Debido a esto nunca esta de más crear tácticas inéditas para su prevención, y continuar revisando de manera rigurosa las que ya se encuentran disponibles en el mercado.

Es primordial recalcar que, la falta de información sobre efectos negativos del bloqueador solar no prueba que estos sean seguros. Aún así varios estudios en animales han advertido que, el uso de ciertos químicos presentes en el protector solar, como la benzofenona, derivada del alcanfor, entre otros; pueden afectar el funcionamiento metabólico, control de inflamación, funciones inmunológicas, desarrollo de características sexuales, y la capacidad de resistir enfermedades y lesiones.

Aunque aún no se realizan las mismas pruebas en humanos, si se ha probado que sustancias presentes en el bloqueador solar son absorbidas por la piel, con más de 0.5 nanogramos por mililitro; el cuál es el parámetro de la FDA para realizar estudios toxicológicos de los efectos que se pueden tener en el cuerpo. También se notó que la presencia de estas sustancias aumenta conforme el uso del bloqueador, por lo que hay una acumulación de estos químicos en el torrente sanguíneo. Aunque no es fácil, estudios de seguimiento están siendo realizados para entender las verdaderas repercusiones que tienen las sustancias que se absorben en la piel.

Pensando en la cantidad de personas que utilizan bloqueador solar, y la falta de información que muestre problemas relacionados se puede decir que probablemente su uso es seguro. Pero esto no significa que se deben ignorar las evidencias emergentes, ni detener las investigaciones científicas. Al contrario, es importante seguir con atención todos los acontecimientos y nueva información basada en evidencia que sea publicada. Ya que este caso solo nos abre las puertas para cuestionarnos que tan desconocidos son los efectos de los productos que utilizamos y aplicamos diariamente en nuestro cuerpo.

Por lo pronto, y mientras espero que haya más información científica disponible, continuaré con el consejo de mis abuelos y me aplicaré protector solar todos los días. Pero ahora tal vez quien los pueda asesorar sea yo, recomendándoles el uso de sombreros y camisetas con protección ultravioleta. Así, aunque tal vez mis abuelos no estén a la moda, sin duda necesitarán usar menos bloqueador que antes.

Autora:

Daniela Garza Vara Stringel es estudiante del 4to semestre para Médica Cirujano en la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud. Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey. A01382185@itesm.mx

Asesor editorial:

Jesús Eduardo Elizondo Ochoa. Doctor en Biotecnología (Tecnológico de Monterrey), Doctor en Odontología, mención Doctor Internacional (UIC-Barcelona). Profesor-investigador de la Escuela de Ingeniería y Ciencias y de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (CONACyT). Contacto: je.elizondo@tec.mx

Referencias:

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