Por Astrid Nieto Gutiérrez
Ciencia Amateur

Uno de los recuerdos más vívidos de mi infancia es el de una ocasión que asistí a una “pijamada” con mis amigas, ¡lo podía recordar todo con detalle!, hasta que, hace unos pocos años, me enteré de manera vergonzosa, que mis papás nunca me habían dejado acudir a una de estas fiestas. Es decir, ¡tengo un recuerdo de algo que en realidad nunca pasó!

A raíz de este suceso o descubrimiento comencé a cuestionarme cosas sobre ¿cómo funciona la memoria?, o ¿seré yo la que está mal por tener recuerdos falsos?

Sobre ello José Saramago dice “Sin memoria no existimos…”, somos producto de nuestra memoria, la cual es poco objetiva y cambiante cada vez que queremos recuperarla.

Según Gregg et al (2018) la memoria se define como la habilidad que tiene el cerebro de almacenar y recuperar la información obtenida de la experiencia. En los últimos años, la comunidad científica se ha enfocado en el análisis del fenómeno de “recuerdos falsos”, ya que se crean regularmente, y van desde cambios minúsculos, como al confundir nombres de personas, hasta vívidos recuerdos completos. Recientemente, éstos se han vuelto más evidentes debido al incremento de tecnologías de grabación, las cuales permiten a las personas percatarse de pequeños errores en su memoria. Para lograr comprender la causa de dichos errores, es importante entender las bases moleculares y los procesos por los que pasa el cuerpo para llegar a la creación de los recuerdos.

Cómo se crean los recuerdos

Los cambios en el almacenamiento de la información se basan en el concepto de memoria reconstructiva, la cual establece que cada vez que se crea una memoria, se hace mediante una construcción personal (perspectiva). Debido a ello, el adquirir cierta información (recordar) se debe llevar a cabo a través de una reconstrucción. Ésta se realiza con la información que ya se tiene de eventos pasados, conocimiento general, experiencias, sentimientos, etc. Como consecuencia, estas memorias pueden estar llenas de errores que se producen cuando se asume o infiere, de manera inconsciente, para llenar los espacios en blanco. En pocas palabras, cada vez que recordamos algo, primero pasa por un proceso de reconstrucción; inclusive las memorias más precisas son producto de esto.

Los procesos químicos para el guardado de la información suceden en el cerebro, órgano caracterizado por su plasticidad, la cual le confiere la capacidad de cambiar físicamente (literalmente, como una plastilina) cuando ocurren cambios químicos. Dicha característica permite el desarrollo de las habilidades de adaptación, aprendizaje y memoria. Esto significa que cada vez que se aprende algo nuevo, el cerebro se somete a cambios físicos, los cuales suelen ser tan significativos que pueden ocasionar alteraciones notorias en menos de una semana.

Microscópicamente, la memoria se almacena en las células principales del cerebro, las neuronas. Éstas se comunican de manera electroquímica, sin tocarse, por medio de neurotransmisores (mensajeros químicos del sistema nervioso). Cuando una neurona recibe un estímulo, ésta envía neurotransmisores a otra para producir una reacción. Esta conexión que existe entre ambas se denomina sinapsis y es la manera en la que se almacena la información.

El tipo de información, su importancia, el cargo emocional y las veces que se repite el estímulo son variables que afectan a la fuerza de la sinapsis. Las neuronas cuyas sinapsis son más fuertes tienden a ser las de memoria a largo plazo y las que tienen una sinapsis más débil son las de corto plazo. Con el tiempo, los lazos de los recuerdos que no se usan se van debilitando y pueden desaparecer; a esta variabilidad en la fuerza de conexión se le llama plasticidad sináptica.

Diferentes factores pueden modificar la sinapsis, cambiando así el recuerdo que se tiene. Este cambio ocurre de manera más prominente cuando las conexiones son débiles y, de esta manera, se pueden reforzar. Cabe destacar que esto también puede pasar en las conexiones fuertes, ya que nunca se puede estar completamente seguro de todos los detalles de algún recuerdo (esto implicaría un recuerdo perfecto). Las causas de estas modificaciones se pueden dividir en siete grupos principales:

La teoría y la práctica

Aún y cuando la mayoría de lo antes mencionado en este artículo está basado en la teoría, existen diferentes investigaciones que respaldan la plasticidad sináptica y su efecto en la memoria reconstructiva. En una de ellas, se seleccionó a un grupo de personas y se les mostró un video en donde ocurría un accidente de auto. Justo después dividieron al grupo en dos, y se les preguntó a cada uno por separado ¿qué tan rápido iban los carros cuando se pegaron? La única diferencia era que en un grupo se usó la palabra “pegar” y en otro se usaron palabras de mayor fuerza como “chocar”.

Un par de semanas después se les volvió a preguntar, a todos por igual, si habían visto vidrios en el suelo del accidente, a lo que el grupo con el que se había usado la palabra “chocar” dijo, en mayor porcentaje que el otro, que sí recordaban haberlos visto. Esto muestra que, al momento de adquirir la información del video, los participantes conllevaron un proceso de reconstrucción utilizando los recuerdos que tenían más presentes, interpretándolos con su experiencia, lo cual ejemplifica el concepto de memoria reconstructiva.

En conclusión, la memoria es una de las habilidades más fascinantes del ser humano. Se encarga del almacenamiento de la información para después poderla obtener y que sea de utilidad. Sin embargo, no se almacena de manera exacta; por el contrario, se basa en mecanismos de construcción y reconstrucción utilizando lo que se tiene a disposición, alterando poco a poco los recuerdos. Eso no quiere decir que todo lo que sabemos está mal, puesto que normalmente estas imperfecciones son minúsculas. Pero sí quiere decir que, aún cuando estamos seguros de algo y lo recordamos vívidamente, como mi pijamada, éstos recuerdos pueden ser sólo cosas de nuestra mente.

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Autor

Astrid Nieto Gutiérrez es estudiante de Médico Cirujano. A01177068@itesm.mx

Asesor editorial

Jesús Eduardo Elizondo Ochoa. Doctor en Biotecnología (Tecnológico de Monterrey), Doctor en Odontología, mención Doctor Internacional (UIC-Barcelona). Profesor-investigador de la Escuela de Ingeniería y Ciencias y de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (CONACyT).Contacto: je.elizondo@tec.mx

Referencias:

Brewin, C. R., & Andrews, B. (2016). Creating Memories for False Autobiographical Events in Childhood: A Systematic Review. Applied Cognitive Psychology31(1), 2–23. doi: 10.1002/acp.3220

Gregg, J., Upadhyay, S. S. N., Kuntzelman, K., Sacchi, E., & Westerman, D. L. (2019). Parallel effects of retrieval ease on attributions about the past and the future. Acta Psychologica193, 96–104. doi: 10.1016/j.actpsy.2018.12.007

Mendez, M., & Fras, I. (2011). The false memory syndrome: Experimental studies and comparison to confabulations. Medical Hypotheses76(4), 492–496. doi: 10.1016/j.mehy.2010.11.033

 

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