Investigando como mujer

Por Rocío Díaz de la Garza
Artículo de opinión

Los movimientos sociales de los últimos dos años han enfatizado la brecha de género existente en muchos aspectos culturales, laborales y sociales a nivel mundial. La ciencia y la tecnología no están exentas de esta brecha. En investigación, se vive todos los días y a todos los niveles, una disparidad de género que es evidente en el número de las investigadoras líderes y con reconocimientos a través de la historia de la humanidad, en comparación con los investigadores. Mundialmente, al 2020, según la UNESCO sólo el 28% de los investigadores son mujeres. En México, el indicador según Scopus al 2015, es de 38%. No obstante, al desmenuzar los datos, también podemos observar que hay diferencias según la disciplina. Por ejemplo, las disciplinas STEM (Science, Technology,  Engineering & Mathematics, por sus siglas en inglés), son las menos favorecidas con igualdad de género a nivel mundial; México y sus instituciones, muestran la misma realidad.

Figura 1. Fugas en el curso de la carrera científica-académica de las mujeres. Fuente: UNESCO

Las desigualdades de género existentes tienen como base fundamental la discriminación de la persona por el hecho de ser mujer. En la carrera científica, estas igualdades tienen como una de sus consecuencias lo que en inglés se le ha denominado  leaky pipeline, término que denota fugas en el curso de la carrera de la mujer en el avance laboral (Figuras 1 y 2). Aunque es un tema complejo que se da en todos los niveles, enumero algunos factores documentados que influyen paulatinamente alargando las distancias en cuanto a los logros, tiempos y esfuerzos que finalmente repercuten en alcanzar metas diferentes entre los investigadores hombres y mujeres.

Figura 2. Desarrollo de la mujer y el hombre STEM en el Tec de Monterrey. Datos a 2019.

Realidad familiar

Globalmente, la carrera de un investigador en Ciencias implica de 4 a 8 años de estudios de posgrado, usualmente seguidos de una o dos estancias posdoctorales antes de tener las credenciales para aplicar en la academia y comenzar trabajos como investigador independiente o principal.  Esto significa que los estudios de posgrado y primer trabajo se sitúan entre los 23 y 35 años en general, precisamente en la edad del pico reproductivo biológico en donde la maternidad y paternidad representan un cambio monumental en la vida de un ser humano, más evidente, por obvias razones, en la madre que el padre. Las profesoras investigadoras jóvenes se enfrentan a desarrollar su independencia de investigación a la par con el demandante cuidado de otro ser humano. Los mecanismos generales de apoyo en el continente americano implican sólo algunos meses de tolerancia para la madre y casi ningún tiempo para el padre, por lo que éste no puede ayudar de tiempo completo. Los servicios de guardería son el único apoyo diferencial de parte del sector laboral en los primeros años del desarrollo de una familia. Ahí empieza el riesgo del rezago. Un estudio realizado en Estados Unidos y publicado en la prestigiosa revista PNAS ha documentado que el 43% de las mujeres con trabajos STEM dejan de trabajar o cambian a trabajos de medio tiempo después de tener el primer hijo, este número es mucho menor para los investigadores hombres. En otro estudio con 25,000 investigadores, ser hombre fue un predictor positivo para convertirse en investigador principal. Además, la maternidad no es el único escenario donde es necesario emplear tiempo al cuidado de un familiar, por lo general en situaciones de enfermedad o discapacidad, es la mujer quien cumple la función de cuidadora en la mayoría de los casos, y en este caso no existen estructuras de soporte laboral, como en el caso de la maternidad.

Clima y cultura organizacional

La disparidad de género en el campo laboral comienza desde las contrataciones, hay más posibilidades que los hombres vean y respondan anuncios de trabajos en el área STEM que las mujeres, debido a mercadeo sesgado de puestos, los comités de selección además son dominados por hombres. Más aun, un estudio determinó que los comités de reclutamiento laboral en Francia promovían menos a las científicas cuando el comité no cree que hay sesgo de género.

Ambiente laboral

El sector STEM presenta uno de los mayores índices de acoso sexual en Estados Unidos en comparación con otras áreas. El acoso de género es la forma más común de acoso sexual, el cual es una forma extrema de agresión con graves implicaciones y consecuencias civiles y sociales que merece discusión a más profundidad. Sin embargo, no es la única forma de agresión en el ambiente laboral, existen microagresiones diarias y comunes que pasan casi desapercibidas dependiendo del bagaje cultural para quienes las hacen y las atestiguan, excepto para la persona que las recibe, quien las resiente con diversas consecuencias. El tener profesionales mujeres, en ambientes no siempre adecuados va minando progresivamente su desempeño resultando en las realidades que han sido estudiadas de manera sistemática en diversas publicaciones arbitradas. Las mujeres investigadoras en STEM son minoría, reciben menor remuneración, menor número de propuestas fondeadas, representan un porcentaje menor en las invitaciones a conferencias plenarias, y son consideradas en menor medida para promociones al interior de las instituciones.

Figura 3. Indicadores de brecha de género en liderazgo científico. Fuente: Elsevier

En 2017, Elsevier publicó el reporte Gender in the Global Research Landscape, donde se analizaron las autorías de las publicaciones en Scopus producidos en los últimos 20 años con énfasis en 17 países, entre ellos México. Los resultados arrojados soportan lo antes mencionado. Globalmente, en ingeniería, las mujeres representan un tercio de los profesionales haciendo investigación, en México. En el Tec la proporción de investigadoras es similar. No obstante, en el ámbito del liderazgo de las mujeres en la ciencia, México es uno de los tres países donde existen mayores desigualdades en el número de las primeras autoras y autoras de correspondencia, indicadores clave de liderazgo científico (Figura 3). Cuando se analizan las colaboraciones y la movilidad, las investigadoras tienen menos movilidad entre países y menos colaboraciones internacionales que los investigadores. Con todo y estas desventajas, el impacto de sus publicaciones (número de citas, entre otros) es similar, sugiriendo que, aunque el número de publicaciones  es menor, la calidad de la investigación de las mujeres no es un factor que explique la diferencias.

Demostrar con datos y análisis sistemáticos una falta de paridad y una grandísima brecha en el liderazgo de mujeres en la ciencia, es muy importante. Sabemos que la falta de científicas y tecnólogas líderes conlleva a menos influencia en la toma de decisiones, menos recursos, falta de mentoreo y patrocinios y a una baja visibilidad en la organización y en el campo de estudio, generándose un círculo vicioso.

Existen varios documentos y recomendaciones internacionales, sobre los pasos a seguir a nivel individual, institucional, nacional y global para reducir la brecha de género en la investigación. A nivel mundial, la ONU incluye entre los Objetivos de Desarrollo Sustentable 2030, a la igualdad de género como uno de los más importantes. La UNESCO considera fuertemente la igualdad de género en su reporte de la Ciencia hacia el 2030. Existe, sin embargo, una necesidad de articular las recomendaciones globales con políticas y acciones institucionales e individuales que sean efectivas a las realidades locales de cada ambiente de trabajo. Institucionalmente, se recomienda generar estadísticas propias donde se incluya el género como un factor; se debe buscar resaltar las mejores prácticas y crear ambientes de trabajo amigables a las minorías. Todo esto se logra a través de políticas, programas, y educación de género a todos los niveles institucionales. También se recomienda generar políticas de balance de género en los comités de toma de decisiones institucionales y seguir mapeando datos para medir el éxito de las intervenciones. De forma individual, podemos empezar por identificar nuestras tendencias discriminatorias individuales y trabajar para evitarlas, negarnos como profesionales a participar en eventos y comités constituidos únicamente por hombres a menos que se incluyan mujeres, promover a las investigadoras y a su trabajo, autonominarse y nominar mujeres para premios y posiciones de liderazgo, etcétera.

Figura 4. Distribución por género de investigadoras e investigadores en el Tec de Monterrey.

Hay mucho por hacer, pero ante todo, el primer gran paso es el reconocimiento del problema. La Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tec de Monterrey ha reconocido que existe una área de oportunidad en el tema en la investigación STEM (Figuras 2 y 4) y está gestando una iniciativa de y para mujeres: Mujeres en Ingeniería y Ciencias (MIC) que incluye a las mujeres de la escuela, profesoras, alumnas y colaboradoras, y que tendrá acciones puntuales para las investigadoras; sobre MIC profundizaremos próximamente. Los compromisos firmados por el Tec ante la ONU: con el movimiento para la igualdad de género He4She, y con la Agenda para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sustentable 2030, además de la creación del Centro de Reconocimiento de la Dignidad Humana, el cual tiene una oficina de género, el Premio Mujer Tec, son un indicativo patente de que, como institución, estamos implementando medidas de equidad con gran enfoque en aumentar visibilidad, mentoreo y apoyos para mujeres y así ir cerrando la brecha de género con beneficios no solo para las mujeres sino para toda la institución. El acercamiento a la igualdad de género en la investigación, con el impulso y el empoderamiento de las investigadoras líderes que a su vez sirvan de modelo y atraigan vocaciones de mujeres STEM, permeará muy positivamente a la producción de ciencia y tecnología en nuestra Institución y en México.

Las estadísticas indican que el apoyo dirigido y efectivo a la profesional en ciencia y tecnología potencia la investigación y los recursos institucionales. En estos momentos, los números que tenemos dentro del Tec son equivalentes a las realidades nacionales y globales, por lo que considero que como Escuela de Ingeniería y Ciencias y como Institución estamos en un gran momento para tomar acciones, liderar cambios en el corto plazo y proponernos ser una Institución educativa transformadora para cerrar la brecha de género y convertirnos en un referente a nivel mundial.

El investigar, pensar, sentir, estudiar, actuar, innovar y trabajar como mujer a la par de todos debe ser un deleite enriquecedor y sumador para todas y todos.

La autora

Rocío Isabel Díaz de la Garza es Ingeniería Química por el Instituto Tecnológico de Ciudad Madero, Máster en Biotecnología por la Universidad Autónoma de Chihuahua, y Doctora en Biología Molecular y Celular por la Universidad de Florida, donde recibió el Premio de Excelencia.

Desde 2007 es profesora investigadora de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tec de Monterrey, Campus Monterrey. Ha sido reconocida con el Premio Mujer Tec 2018 por sus logros en Ciencia y Tecnología, y con el Premio Nacional en Ciencia y Tecnología de Alimentos 2019, otorgado por la Compañía Coca-Cola y la Academia Mexicana de Ciencias. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores, nivel 2. rociodiaz@tec.mx

 

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