Por Karen Daniela Garay Buenrostro
Ciencia Amateur

El trastorno depresivo es una condición altamente compleja, cuyo diagnóstico, tratamiento y estudio sigue siendo un reto para los profesionales de la salud. Se considera que alrededor de una sexta parte de la población mundial ha sufrido algún episodio depresivo en su vida, colocándola como la enfermedad que produce mayor morbilidad sobre la artritis, el asma y la diabetes.

Los protocolos terapéuticos que se tenían diseñados para la depresión han mostrado no ser eficientes en su totalidad en aproximadamente la mitad de los pacientes, reflejando así una falta de adherencia al tratamiento. Algunos de los factores que repercuten son la polifarmacia, la percepción de la enfermedad y satisfacción subjetiva del fármaco administrado. Adicionalmente, aparecen efectos secundarios diferentes a los inicialmente previstos como vómito, insomnio, diarrea, entre otros. Es por ello, que se establece que la efectividad de un tratamiento contra la depresión no se limita a fármacos convencionales como la Fluoxetina, Fluvoxamina, Sertralina o Escitalopram, pues se debe de realizar un plan personalizado que permita intervenciones nutricionales y psicoterapéuticas.

Siguiendo un protocolo para tratar la depresión, los pacientes que sufren un episodio depresivo mayor y reciben fármacos antidepresivos experimentan una mejoría de sus síntomas. Si esta mejoría lleva a reducir en un 50% la intensidad de sus síntomas, el paciente tiene una respuesta. Si la sintomatología desaparece se considera que este se ha remitido. Para lograr su completa recuperación, el periodo de remisión debe mantenerse al menos seis a doce meses. Estos dos últimos pasos son los objetivos actuales del tratamiento de la depresión. No obstante, solo un tercio de los pacientes, en la práctica clínica, llega a completar su primera prescripción. De aquellos que lo hacen, menos de la mitad llega al segundo mes de tratamiento y menos de la cuarta parte lo cumple adecuadamente por tres meses o más.

Una de las causas de la baja adherencia a los tratamientos actuales son las reacciones adversas de los pacientes. Dado que esta situación es completamente diferente entre individuos, la eficacia, satisfacción y tolerancia a los efectos secundarios será específica en cada caso, situación por la que es recomendable el abordaje nutricional en estos pacientes, pues además del efecto favorecedor intrínseco de la suplementación alimenticia, se anularían las reacciones adversas.

Actualmente, se ha descubierto el rol de algunas moléculas nutricionales sobre la prevención y manejo de ciertas patologías mentales. Es el caso de los ácidos grasos omega-3, vitaminas del grupo B o triptófano.

El primer ejemplo abarca los ácidos grasos, específicamente el ácido  eicosapentanoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA), cuya estructura química favorece la fluidez y la estabilidad de las membranas neuronales. Esto influye en el funcionamiento de la neurotransmisión dopaminérgica y serotoninérgica, implicada en la sintomatología depresiva. Estos dos componentes membranales se han encontrado anormales en pacientes con depresión mayor, depresión post parto o en el periodo depresivo en la bipolaridad. Dado que es necesario mantener un balance entre ácidos grasos a nivel celular, la ingesta externa de los mismos puede abordar terapéuticamente este componente pato fisiológico neuronal.

En el proceso anabólico son necesarios los folatos: ácido fólico, ácido folínico o L-metilfolato, mismos que pueden consumirse de forma externa. Una razón importante para considerar su administración, son los resultados de las pruebas séricas de estas moléculas en pacientes deprimidos, cuyos bajos niveles reducen la probabilidad de responder al tratamiento antidepresivo, aumentan la probabilidad de recaídas y presentan un pobre rendimiento cognitivo. En cambio, una ingesta adecuada ha mostrado protección frente al desarrollo de la sintomatología depresiva. Así mismo, estas moléculas impactan directamente en los pasos clave para el objetivo final: la remisión y recuperación.

El último grupo de elementos nutricionales es el del triptófano, que es un aminoácido esencial, así como un precursor de la serotonina, dopamina, adrenalina y noradrenalina. Por ello, los niveles adecuados son relevantes para la biosíntesis de los neurotransmisores encargados de la regulación emocional.

Por tanto, la suplementación alimenticia ya ha dado resultados en algunos grupos de pacientes que han tomado esta opción como terapia única para la sintomatología depresiva leve, y asociados a fármacos antidepresivos en el trastorno depresivo mayor.

Sabemos que esta afección mental debe comenzar a pensarse en términos de la calidad de vida, considerando al ser humano en una esfera biopsicosocial. Dado que hay cuestiones individuales como las reacciones adversas, la falta de adherencia por tratamientos muy prolongados, o situaciones desencadenantes externas específicas, puede decirse que la efectividad de un tratamiento contra la depresión no se limita a fármacos convencionales, más bien requiere de implementaciones que beneficien a cada caso de forma especializada, encontrando así el máximo desarrollo del paciente. En este sentido se han expuesto ya los beneficios de un abordaje nutricional que compense el ámbito biológico. Por el lado social, ha de considerarse que la persona afectada debe desarrollarse en ámbitos familiares, laborales o de pareja, y por lo tanto es necesario abordar sus habilidades de percepción y cognición para su desarrollo sano. Más aún, es necesario identificar los aspectos externos que contribuyan a la patología. Para ello, se proponen las psicoterapias de apoyo, cuyos objetivos se basan en identificar las dificultades y estresantes actuales (internos o externos), así como los mecanismos de afrontamiento para tener más herramientas adaptativas y resolver los problemas basándose en las cualidades positivas.

En resumen, el abordaje del tratamiento para la depresión requiere de los esfuerzos de profesionales de la salud de diversa índole. No se trata de restar importancia al tratamiento farmacológico, pues la disfunción en el ámbito biológico del paciente deprimido es una realidad que debe ser atendida. Más bien, debe haber más factores en consideración, como una decisión informada del fármaco que ha sido prescrito, aportar suplementos en deficiencias nutricionales y brindar el apoyo psicológico para afrontar las dificultades en el día a día del paciente.

Referencias

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Gavira García, J. R., Martínez Domínguez, G. I., Martínez Sánchez, L. M., Ospina Sánchez, J. P., & Urrego Vásquez, A. (2017). Adherencia a Los Antidepresivos: Reto Terapéutico Para Mejores Desenlaces Clínicos en Pacientes Con Depresión. Archivos de Medicina (1657-320X)17(1), 150–159. Recuperado de http://0-search.ebscohost.com.millenium.itesm.mx/login.aspx?direct=true&db=a9h&AN=126097623&lang=es&site=eds-live

Martínez-Cengotitabengoa, M., González-Pinto, A. (2017). Suplementos nutricionales en trastornos depresivos. Actas Españolas de Psiquiatría. 45(1), 8-15 https://www.actaspsiquiatria.es/repositorio/suplements/19/ESP/19-ESP-743958.pdf

Autor:

Karen Daniela Garay Buenrostro cursa el tercer semestre de Biociencias, su profesor asesor es el Dr. Mariano García-Magariño, Director de Biocencias y Trayectoria Salud, Región Norte. Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud del Tec de Monterrey.

 

 

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