Por Neil Hernández
Artículo de Opinión

Hace poco tiempo conocí Qatar, país del Medio Oriente que se encuentra literalmente en medio del desierto y que es gobernado por una familia monárquica, cuya cuantiosa riqueza se basa en el petróleo. Sin embargo, desde hace algunos años, esta familia entendió que su riqueza se acabaría algún día, y que para conservarla y multiplicarla es necesario invertir. Excelente idea, pero… ¿en qué invirtió esta familia cuando no hay mucho alrededor que genere valor? Su decisión fue invertir en el conocimiento, o más bien, en la infraestructura (sobre todo humana) que genera una economía basada en conocimiento.

Hoy por hoy, la Fundación Qatar para la Investigación y el Conocimiento está invirtiendo en la generación de conocimiento. La Universidad de Qatar actualmente cuenta con 800 profesores, de los cuales, más del 90 por ciento son extranjeros, y son ellos quienes aportan a este país sus conocimientos, su experiencia, sus redes de colaboración, y todo lo transportan completamente empaquetado en su cerebro.

Dichos profesores generan laboratorios, generan programas académicos, generan artículos científicos y generan conocimiento que se ve reflejado en sus alumnos graduados. La pregunta es: ¿cómo logra Qatar atraer todo ese valioso recurso humano, y por qué los investigadores llegan a este país, dejando todo atrás? La respuesta es por medio de “paquetes”, tanto de investigación como personales, lo que implica muchos, pero muchos recursos financieros. Billones de dólares anualmente.

¿A qué investigador no le gustaría tener equipado su laboratorio con lo último de la infraestructura mundial? ¿O tener a su alcance recursos casi ilimitados para becas de alumnos e investigadores posdoctorales, recursos para realizar investigación en consorcio con las mejores universidades del mundo, o recursos personales para la operación de dicha investigación?

¿No sería éste el paraíso, o lo más cercano, para un investigador? Si no lo es, se le parece mucho.

Ahora bien, ¿qué son esos “paquetes” de conocimiento?
La investigación científica y tecnológica tiene como objetivo generar explicaciones del mundo que nos rodea. Básicamente su objetivo es responder a preguntas a través de hipótesis, que son evaluadas por medio de la experimentación y que permiten generar conocimiento para explicar el mundo. Entonces se generan teorías que se consideran elementos probados, con las cuales se va construyendo una explicación gradual y sistémica a través del tiempo.

Cuando ese conocimiento se empaqueta y se genera un producto o servicio que resuelve una preocupación real de la sociedad, se habla entonces de desarrollo tecnológico. Finalmente, si este producto o servicio se prueba y se aprueba por la sociedad, genera valor y en consecuencia riqueza para esa sociedad.

La conexión sistémica de esos tres subsistemas: investigación, desarrollo tecnológico y emprendimiento es lo que genera una economía basada en el conocimiento. Aquí la pregunta de los mil millones para Qatar es ¿cómo lograr en otros países gestionar dicho sistema, compuesto de tres subsistemas?

La mejor forma que he encontrado para representarlo es como un embudo, en el que el conocimiento actúa como la base para forjar los desarrollos tecnológicos que más adelante podrían generar riqueza. Es entonces cuando esa inversión de recursos tanto físicos como humanos en los tres subsistemas se convierte en redituable y genera el valor esperado.

Además, hay otras preguntas que a mi parecer no tienen una respuesta todavía:

  1. Dichos sistemas, ¿se podrían realmente gestionar o es algo caótico?
  2. ¿Cómo y de qué manera se conectan?
  3. ¿Debemos invertir recursos en los tres subsistemas o solamente en el último para generar riqueza?
  4. ¿Qué debemos invertir y cómo lo debemos invertir para optimizar dicho sistema?

Por supuesto que tenemos algunas respuestas, hubs de innovación en donde podemos ver la operación y el desarrollo de esos sistemas, como Sillicon Valley, que es el más representativo. O bien sociedades que viven de la innovación, como la israelí, o los países nórdicos como Finlandia, Noruega o Suecia.

La historia para Qatar se sigue escribiendo… ya iremos revisando cómo su visión e inversión genera una economía basada en el conocimiento.

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Sobre el autor:
Neil Hernández Gress es director de Investigación del Tecnológico de Monterrey. ngress@tec.mx

 

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