Por Fabián Carranza

Hurto, fraude, contrabando, corrupción y lavado, son tan sólo algunas de las modalidades del mercado negro, en materia de hidrocarburos, que se han intensificado últimamente tanto en México como a nivel mundial.

La demanda de hidrocarburos ilícitos no sólo se explica porque éstos son vitales para el desarrollo de la gran mayoría de las actividades en la sociedad actual, sino porque adquirirlos a un precio menor representa una ventaja competitiva para los actores involucrados, incluidos los mismos consumidores.

Por el lado de la oferta, las redes clandestinas de suministro y distribución ilícitas de hidrocarburos pueden ser complejas y sofisticadas. Este tipo de mercado es global y su desarrollo es más propenso en regiones dónde el suministro no es confiable, o en lugares donde existen condiciones de arbitraje a nivel regional.

Así, un ecosistema ideal es aquél donde el marco regulatorio y el Estado de derecho es débil, las autoridades y cuerpos de seguridad corruptibles, y existen amplias redes funcionales de personal y de infraestructura del crimen organizado. Además, el fenómeno adquiere otra dimensión de complejidad cuando ocurre participación de miembros de las comunidades, lo cual dificulta la efectividad de cualquiera de las acciones de mitigación del robo de hidrocarburos.

Actualmente el robo y la distribución clandestina de combustible son actividades tan atractivas para el crimen organizado como lo es el contrabando de narcóticos, armas, y/o la trata de personas. Las modalidades del crimen en materia de hidrocarburos son variadas, desde la “tradicional venta de litros incompletos” de gasolina y diésel en estaciones de servicio, hasta el secuestro armado o clonación de auto-tanques (pipas), el desvío de volúmenes importantes desde las terminales de almacenamiento, buque-tanques tanto en costa afuera como dentro de las terminales portuarias y, finalmente, las sofisticadas técnicas para extraer producto directamente de la red de ductos. A esta última modalidad se le conoce como Toma Clandestina.

Una Red de Conocimiento

Con el objetivo de proveer soluciones de investigación, inteligencia y desarrollo de capacidades en política pública y regulación, y con la visión de dotar de resiliencia al sistema de suministro, almacenamiento, transporte y distribución de hidrocarburos en México, la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey conjuntó un equipo de trabajo con otras instituciones de educación superior y autoridades del sector energético.

El equipo, denominado Red de Conocimiento Cero Incidentes en la Red de Ductos de México, opera con apoyo del Fondo Sectorial CONACYT-Secretaría de Energía-Hidrocarburos, y tiene como visión establecer una plataforma analítica basada en ciencia de datos para la toma de decisiones sistematizada con el uso de tecnologías inteligentes que estén disponibles para todos los actores del midstream y downstream de hidrocarburos, y que permita el desarrollo de una red de ductos con resiliencia en México, así como su expansión estratégica hacia 2024.

El primer paso para concretar esta visión fue crear una base de datos georreferenciada, es decir, que permita realizar análisis de datos y soportar el despliegue de mapas, para entender un fenómeno tan complejo como lo es el robo de hidrocarburos.

Para entender la operación de las redes clandestinas

Uno de los productos más relevantes de la Red de Conocimiento es el denominado “Atlas de la Red de Suministro, Transporte, Almacenamiento y Distribución de Hidrocarburos de México” (Atlas), en donde se puede consultar información como la localización de los centros de oferta y demanda, las características técnicas de la infraestructura, los diferentes tipos de transporte y rutas, entre otros aspectos.

Atlas de la Red de Suministro, Transporte, Almacenamiento
y Distribución de Hidrocarburos de México.
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Es importante mencionar que, bajo el argumento de seguridad nacional, la información pública en formatos abiertos sobre los ductos operados por Pemex Logística es clasificada como confidencial, es decir, no se pueden consultar la ubicación de los ductos, su antigüedad, las bitácoras de mantenimiento, riesgos, fugas, incidentes y tomas clandestinas, entre muchas otras características.

Únicamente son publicados agregados estadísticos y mapas simplificados de la red del país. Este escenario genera mayor incertidumbre sobre los estudios para evaluar el estado actual de la red, estimar la dimensión de la incidencia, cuantificar el riesgo en materia de seguridad energética, social o ambiental y, sin duda, es un obstáculo para crear una caracterización completa del robo de hidrocarburos, así como para la formulación de políticas públicas que puedan combatirlo.

¿Dónde están las tomas clandestinas?

La información sobre la incidencia fue obtenida mediante solicitudes de información pública dirigidas a Pemex Logística a través del Portal de Transparencia del Instituto Nacional para el Acceso a la Información (INAI).

Al momento, no existe información pública sobre la ubicación exacta (localidad cercana, kilómetro de ducto o coordenadas geográficas), el nombre o tipo de ducto, ni mucho menos del volumen extraído o del volumen derramado en el caso de tomas clandestinas reportadas como no-herméticas. Sin embargo, se ha logrado recopilar un total de 44,237 reportes de tomas clandestinas entre enero 2003 y agosto de 2018 con una resolución temporal mensual y nivel de agregación geográfico estatal. De éstas, únicamente 20,326 tienen información a nivel municipal.

La evidencia indica que el fenómeno ha tenido no solo un crecimiento importante en el tiempo, sino que también las regiones afectadas han sido distintas. Si bien en la primera década del siglo XXI, Veracruz, Coahuila y Sinaloa fueron las regiones con mayor número de tomas clandestinas, la década actual muestra que el negocio del robo de hidrocarburos ha cobrado fuerza primero en Tamaulipas y, de forma más reciente en el centro y occidente del país, en Puebla, Guanajuato, Hidalgo y Jalisco.

La evolución espacial y temporal de la magnitud de la incidencia observada entre enero de 2003 y agosto de 2018 se muestra en las siguientes figuras:

Evolución espacial y temporal del robo de combustible en su modalidad de toma clandestina. Los datos están agregados por entidad federativa desde 2003 a 2018 (fuente: Pemex Logística mediante solicitud de información pública).
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Los datos georreferenciados de infraestructura e incidencia, a su vez pueden ser combinados entre ellos para realizar análisis geográfico (o espacial).

Por ejemplo, para conocer la magnitud de la incidencia en un área específica se propone el parámetro llamado Índice de robo, que es el número total de tomas clandestinas reportadas dividido por la longitud total de la red de ductos en el área geográfica de interés (región, estado, municipio).

Además de ubicar el tipo de infraestructura, sus características técnicas y niveles de incidencia asociada, el incluir aspectos sociodemográficos, tipo de vegetación y uso del suelo son tan sólo otras ideas para realizar análisis geográfico.

Como ejemplo, con datos de los censos poblacionales y del tipo de vegetación y uso del suelo publicados por INEGI, podemos conocer el número de habitantes, la densidad poblacional, características demográficas, sociales y económicas, así como el tipo de vegetación y uso del suelo en la franja de paso de la red de ductos.

En el siguiente mapa se muestra en que zonas geográficas del país se concentra el fenómeno:

Localización de la concentración del fenómeno
mediante el parámetro Índice de Robo.
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La figura siguiente muestra el tipo de vegetación y uso de suelo en la franja de paso de los ductos, las ciudades y localidades que se encuentran a una distancia menor de 10 km del paso de los ductos, así como los municipios y el índice de robo de combustible en su modalidad de toma clandestina.

Ejemplo de tipo de análisis geográfico en la franja de paso de ductos de 500m
(análisis del tipo de uso del suelo y vegetación) y franja de paso de ductos de 20km (análisis del índice de robo a ductos a nivel); Escala 1:400000.

Los siguientes pasos…

La base de datos georreferenciada de la red de infraestructura y del nivel de incidencia observado en los últimos años es tan sólo una de las herramientas que ha desarrollado la Red de Conocimiento para generar inteligencia útil para las autoridades. En este sentido, ya sea desde un enfoque político-social o de seguridad energética, estas herramientas ayudarán a la Red de Conocimiento a contestar preguntas de investigación relevantes como:

¿Qué impacto tiene el robo de combustible en la operación de una red de infraestructura compleja? ¿Cuál es la Capacidad del Estado para enfrentar este fenómeno? ¿Cuál es la dinámica social y económica del mercado ilícito de combustible? ¿Qué tan resiliente es la red de distribución y almacenamiento de combustibles? ¿Qué medidas se pueden implementar para aumentar su resiliencia? ¿Cómo prevenir, mitigar y recuperarse lo más rápidamente posible de eventos disruptivos? ¿Dónde, cómo y a qué costo podemos hacer más resistente, redundante y confiable la red?

Pero, más allá del valor intrínseco que tiene este fenómeno a nivel social, político y económico para la investigación, nuestro compromiso como Escuela que busca la transformación del espacio público, es colaborar con la generación de conocimiento de valor para los tomadores de decisiones.

El escenario descrito por los datos puede revertirse, para ello, necesitamos ser un componente activo a favor de nuestro país.

* Redacción revisada por Luis Alberto Serra Barragán, Director Ejecutivo de la Iniciativa de Energía del Tecnológico de Monterrey.

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