Por Michael Ramírez

La brecha de género en el ámbito de la ciencia y la tecnología sigue persistiendo en pleno 2018, pues las mujeres continúan enfrentando barreras que les impiden participar de lleno en la carrera científica. A pesar de ello, la comunidad académica ha hecho un gran esfuerzo para promover la inclusión de las mujeres en la ciencia, y su participación ha aumentado enormemente.

En marzo pasado, en el Día Internacional de la Mujer, el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Conacyt, informó que ya cuenta con más de 27 mil científicos, de los cuales, sólo el 36 por ciento son mujeres.

Aunque dicha cifra representa un franco incremento de la participación femenina en el campo del conocimiento, aún existen grandes desigualdades y estereotipos, ya que los hombres predominan en áreas como Ingenierías, Ciencias Naturales, Agronomía, Veterinaria y TICs; mientras que las mujeres destacan sólo en áreas como Artes, Humanidades, Ciencias Sociales y Educación.

Ángeles Domínguez y Luz María Alonso, dos destacadas investigadoras del Tecnológico de Monterrey, reflexionan y opinan sobre el desafío que enfrentan las mujeres en el terreno científico, y sobre la falsa idea de que se desarrollan mejor en disciplinas como artes y humanidades, que en ciencias naturales o las ciencias exactas.

Al final, ambas profesoras coinciden en que la carrera científica no es una competencia de hombres contra mujeres, y hacen un llamado a la inclusión, al trabajo en equipo y a saber complementar las capacidades de unos y otros, en beneficio del conocimiento.

Ángeles Domínguez señala que, aunque sí se ha reducido la brecha entre hombres y mujeres de ciencia, aún persisten estereotipos de género, ya que la educación científica sigue permeada por el machismo. Tan es así, que la misma sociedad justifica muchos hábitos y costumbres, como el que a una niña no le vaya bien en matemáticas porque esa materia “no es para niñas”.

“No quiero sonar promujer todo el tiempo, pero a mí me gustaría que hubiera más equidad e inclusión en la educación de las ciencias, pues en la enseñanza está tan permeado el machismo, que nos cuesta trabajo decir ‘ingeniera’ o ‘física’, porque no estamos acostumbrados. Necesitamos cambiar nuestro vocabulario. Hay que empezar a cambiar de manera consciente esos hábitos”, dijo.

La investigadora recuerda que en su familia no había juegos de niñas y niños. “Todos hacíamos todo”, dice. Explica que siempre tuvo facilidad e inquietud por los números. “Para mí, jugar en el verano era hacer cuentas de matemáticas y acertijos, y con mis hermanos no había juegos de niñas y niños, jugábamos todos por igual”.

Por esa razón, agregó, cuando entró al bachillerato su línea ya estaba definida hacia las matemáticas aplicadas y la física. Actualmente es doctora en Matemáticas por la Universidad de Syracuse, de Nueva York.

Ella es investigadora de la Escuela de Humanidades y Educación, y también es profesora en la Escuela de Ingeniería y Ciencias. Actualmente desarrolla dos proyectos de investigación, financiados por Conacyt, precisamente en temas de ciencia y género. Con ellos pretende contribuir a que haya más equidad en la ciencia y la tecnología a nivel de educación secundaria, para empoderar a las y los estudiantes de manera equitativa, y promover el interés por el conocimiento.

“Al final, no se trata de que todos seamos científicos, se trata de entrenar nuestra sensibilidad a apreciar el mundo desde un ángulo distinto: el ángulo científico, que nos va a permitir ser más conscientes, apegados y entendidos del mundo que nos rodea. Y me refiero a cualquiera de las ciencias. Mi pasión son las matemáticas, pero puede ser desde la biología”.

La profesora, quien obtuvo el Premio Mujer Tec en la categoría de Ciencia y Tecnología, y además pertenece al Sistema Nacional de Investigadores, dijo que trabaja con los maestros de secundaria con la intención de darles estrategias e ideas que les permitan fomentar las ciencias en sus diferentes clases, ya sea la física, la química, la biología o las matemáticas. “Estamos haciendo encuestas a alumnos y profesores sobre cuáles son las actividades que llevan en la casa, los roles de niños y niñas, si los llevan a los museos, cursos de verano u otros hábitos. Lamentablemente en muchas ocasiones las enseñanzas ya vienen tintadas de estereotipos con los que vamos creciendo”.

“No buscamos crear científicos, buscamos generar un aprecio por la ciencia. Queremos encontrar esos factores que influyen en los alumnos para orientarse por estas disciplinas, y un primer paso es ver de manera distinta las ciencias y la tecnología”, finalizó.

Para Luz María Alonso, las mujeres que se dedican a la ciencia tienen que esforzarse al doble, ya sea para ”seguirle el paso” a sus compañeros investigadores, o porque además de su carrera profesional deben cumplir con las labores del hogar, normalmente asignadas a la mujer, cumpliendo así dobles jornadas de trabajo.

“Es un tema complicado, porque en México, aunque haya tanto cambio y difusión sobre el tema de la equidad de género, la verdad es que no es así. Creo que a una mujer que se involucra en esta carrera se le complica más compensarlo con su vida familiar. Los hombres en cambio tienen cubierta esa parte, ya que normalmente quien se ocupa de los hijos son las mujeres, nos guste o no decirlo. Eso permite que el hombre pueda dedicarle 12 o hasta 24 horas a la ciencia. Pero una mujer, no”.

Sin generalizar, menciona que estos factores limitan la participación femenina en la ciencia, ya que es una profesión que requiere mucho trabajo y demanda gran parte de su tiempo. Es por eso que estas áreas son más dominadas por hombres.

“ESTA carrera no tiene por qué ser una competencia. Hay que complementarnos. Si una ya está demostrando que puede estar aquí y está dispuesta a esforzarse el doble con tal de mantener el nivel, pues podemos empezar a hacer equipo. Hay muchos hombres que sí nos toman en serio, que nos valoran profesionalmente y pienso que debemos aprovechar y sacar ventaja de la inclusión y el compañerismo”.

Luz María Alonso es profesora investigadora de la Escuela de Ingeniería y Ciencias. Sus líneas de investigación son la neuroingeniería, las interfaces humano-máquina, y el análisis de patrones electrofisiológicos.

En 2016 obtuvo un reconocimiento por liderar uno de los “Proyectos que están Transformando a México”, el cual consiste en el diseño e implementación de una terapia acústica para atender el “tinnitus” o acufeno crónico, una enfermedad que provoca en ciertas personas un zumbido o ruido permanente y molesto.

Además, ha sido ganadora del prestigiado Premio L’Oréal-UNESCO a Mujeres en Ciencia (L’Oréal-UNESCO Awards for Women in Science), el cual busca mejorar la visibilidad de las mujeres en la ciencia, mediante el reconocimiento de mujeres que han realizado importantes contribuciones al progreso científico. Este premio es otorgado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

Ambas investigadoras coinciden en que en México, las políticas institucionales relacionadas con la desigualdad de género en ciencia han mejorado, así como la participación de científicas en la toma de decisiones. Sin embargo, aún falta mucho camino por recorrer en todo el mundo, sólo hay que echarle un ojo a las estadísticas del Premio Nobel, que de los 896 premios que ha entregado en toda su historia, sólo el 5 por ciento han sido para mujeres.

DEJA UN COMENTARIO

Por favor agrega un comentario!
Favor de ingresar tu nombre