Por Michael Ramírez.


 

El mundo es agrícola”. Así, contundente, lo asevera Eva Rivas. Asegura que los países están sostenidos por su producción agropecuaria, y que sus economías están ancladas fuertemente en esta actividad.

“Gran parte de los alimentos que ponemos en nuestra mesa hoy en día, así como el algodón y otros textiles con los que nos vestimos, vienen del tipo de agricultura que se gestó en el norte de México en el siglo pasado”.

Pero, ¿cuál fue el papel de la ciencia en la modernización de la agricultura mexicana?, ¿cómo se fueron creando los desarrollos tecnológicos al servicio del campo? Los investigadores del grupo de Enfoque en Sociedad del Conocimiento, bajo la línea Estudios de la Ciencia y la Tecnología, se han dedicado a estudiar el fenómeno de la agricultura del norte de México y la participación de la Fundación Rockefeller en el Programa Agrícola Mexicano (PAM).

“La región norte pasó de ser una zona desértica, inhóspita, que no contribuía casi nada al Producto Interno Bruto del país, a ser uno de los pilares de la industria y una de las regiones que más contribuyen al desarrollo económico de México”.

Y es que la idea de llevar los avances científicos y tecnológicos al servicio del campo venía desde el siglo XIX, cuando estaba muy asociada a la idea del progreso, y las sociedades modernas empezaron a promover la investigación científica a través de muchas fórmulas, y a crear más universidades con la intención de llevar el progreso a la sociedad.

“Se puede decir que la agricultura en el norte se creó desde cero, ya que por las condiciones climatológicas no existía. Era una región muy difícil de habitar y de cultivar, se necesitaban ingenieros, especialistas y agrónomos para realizar el primer paso que requería la agricultura: represar los dos grandes ríos de la zona, el Colorado y el Bravo, para así poder administrar el agua y con esa gestión desarrollar una agricultura de riego”.

Durante la década de 1930, la agricultura en México no era capaz de ofrecer bienestar a la gente, ni mejorar sus ingresos y condiciones de vida. Por ello era determinante modernizarla, elevar su capacidad y mejorar sus sistemas de producción. Además, por los ideales revolucionarios que aún se respiraban, modernizar el campo y construir un nuevo México eran una consigna nacional.

Aunado a esta situación, se conjugó un acontecimiento importante cuando Henry Wallace, Vicepresidente de Estados Unidos en el tiempo comprendido entre 1941 y 1945, detectó las condiciones de hambre y miseria del país durante un recorrido histórico, y con ello, la posibilidad de que se pudieran desencadenar revueltas, que aunadas a que el mundo atravesaba por la Segunda Guerra Mundial, serían perjudiciales para todos.

Fue en ese momento de coincidencia histórica cuando México -a través de la Secretaría de Agricultura- y la Fundación Rockefeller firmaron el Programa Agrícola México, un modelo de investigación, formación y extensión que marcó el desarrollo agrícola y social del país, y con el cual se superaron las dificultades productivas de las décadas anteriores.

“Fue un gran esfuerzo que duró de 1943 a 1961, con el cual se logró potenciar y triplicar la producción de productos de primera necesidad como maíz, trigo, frijol, algodón y los animales de granja”.

“Con el PAM se formaron una gran cantidad de ingenieros agrónomos que aprendieron a investigar y sus resultados tuvieron un impacto impresionante. Además con el PAM quedaron asentadas las instituciones educativas y las redes de investigación con las que México podía seguir por su propia cuenta”.

“La agricultura científica fue un proyecto muy ambicioso, porque la agricultura per se es sólo la técnica de producción, pero la agronomía que aprendimos confluía disciplinas como la química, la biología, la física y la economía. Es una ciencia muy compleja porque se trata de aumentar el control del hombre sobre el proceso biológico de las plantas, para que sean más productivas”.

El modelo aplicado en México por la fundación Rockefeller fue determinante para el desarrollo agrícola y social. Tanto así que después fue replicado por la misma fundación en otros países latinoamericanos, africanos y asiáticos, como Colombia, Pakistán y la India.

“A la agricultura que se comenzó a desarrollar en el norte de México a mediados del siglo XX se le conoce como agricultura comercial porque tiene una enorme capacidad de producción que abastece a la demanda de los grandes mercados, así como a las grandes demandas urbanas”.

El país llegó a tener esa enorme capacidad de producción y distribución porque se sostuvo en avances tecnológicos y científicos muy importantes. Los conocimientos obtenidos en ese momento histórico fueron la base del éxito económico de este tipo de agricultura, pero al mismo tiempo, se instauró una agricultura muy capitalizada que requiere de inversiones muy altas y tecnología de punta para su operación, lo cual contrasta con otros tipos de agriculturas; ahí es donde reside su punto débil.

“Estudiar el campo ahora es explicar muchos de los grandes problemas de la humanidad, ya que actualmente hay una presión muy grande por la alimentación en el mundo y porque las zonas de cultivo ya no dan más. Nosotros tratamos de explicar cuál ha sido el papel de la ciencia, cómo se han creado estos desarrollos tecnológicos al servicio del campo. Y sin lugar a dudas, México tiene mucho que decir en este rubro porque su producción agrícola, y la forma en que ésta se impulsó es muy importante”.


Eva Rivas Sada

Es historiadora y miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel 1. Obtuvo el Doctorado en América Latina Contemporánea, con la especialidad en Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Cuenta con Estudios Avanzados en Historia de América por el Instituto Universitario y de Investigación Ortega y Gasset, y la Licenciatura en Historia por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Su campo de investigación se ha centrado en Historia económica contemporánea bajo el enfoque CTS (Ciencia, Tecnología y Sociedad). Cuenta con más de una veintena de publicaciones entre libros, capítulos de libros y artículos arbitrados y más de 40 conferencias.
eva.risa@itesm.mx

A raíz de un proyecto de investigación de ciencia básica financiado por Conacyt que se titula “La influencia de la concepción de ciencia de la Fundación Rockefeller en el desarrollo de la investigación biológica y agrícola mexicana”, se han originado varios artículos y capítulos de libro.


 

 

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