Print Friendly, PDF & Email

Por Luz del Carmen Díaz Peña
Artículo de opinión

Hoy en día, las economías mundiales atraviesan un gran reto para no verse tan afectadas ante la situación del COVID-19; están alertas de implementar políticas y acciones que aminoren las pérdidas financieras de todos sus sectores, desde los micronegocios hasta las grandes industrias, sin olvidar al sector público que juega un papel central con su presupuesto al gasto público.

Han sido tiempos difíciles, y México no es la excepción. El sistema financiero mexicano ha sabido sobrellevar la crisis financiera a la que todos nos enfrentamos, manteniendo un tipo de cambio estable, una inflación controlada y un adecuado nivel de reservas.

Las instituciones financieras hacen su parte. Otorgan créditos a tasas muchos más accesibles pero de manera cautelosa para no caer en incumplimiento, más teniendo como antecedente las crisis del 2008; buscan fondos que sean rentables pero a la vez que sean fuente de financiamiento para aquellas empresas que le apuestan a un mejor futuro, un futuro que se preocupa por las nuevas generaciones y que reconoce la labor de aquellas empresas que implementan acciones que contribuyen con el cambio climático, la remuneración justa hacia sus empleados y con el bienestar de toda la comunidad a la que pertenecen.

La inversión sostenible

La inversión sostenible toma en cuenta el aspecto social, ambiental y de gobierno corporativo (ESG) y está alineada a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas. Los últimos datos muestran que la inversión sostenible está ganando fuerza en algunos países. La ONU informa que el 84% de los propietarios de activos dicen que están considerando activamente buscar inversiones sostenibles. Aunque es difícil de cuantificar, parece haber un interés creciente, especialmente por parte de los millennials (UNDP, 2020).

La inversión sustentable es la que promueve nuevas formas de hacer negocios con perspectivas medioambientales

Blackrock, la administradora de fondos líder a nivel mundial, define a la inversión sustentable como aquella que promueve nuevas formas de hacer negocios y de crear una tendencia a través de la combinación de enfoques de inversión tradicionales con perspectivas medioambientales, sociales y de gobierno corporativo, que motive a más personas a invertir en el futuro que estamos creando juntos (Blackrock, 2020).

Para los inversionistas, esto se considera un enfoque más sustentable para alcanzar sus metas financieras pero al mismo tiempo, de contribuir a un mejor mundo. Pero, ¿desde cuándo existen estos tipos de fondos?

Los fondos sostenibles nacen en los países europeos desarrollados, como Finlandia, Dinamarca y Holanda, principalmente. Hoy en día, la oferta de fondos con criterios ESG predomina en Estados Unidos, seguido por los países nórdicos. Por el contrario, en Latinoamérica todavía no hay mucha oferta: en Brasil existen cinco fondos mientras en otros países apenas se está explorando. El S&P Dow Jones ha sido un pionero en la creación de índices sustentables por 20 años, con el lanzamiento del Dow Jones Sustainability World Index.

En México, el pasado julio fue lanzado el primer ETF (Exchanged Traded Fund) sustentable: el “iShares ESG MSCI México”. Afore XXI Banorte, SURA, Profuturo, Citibanamex y Principal se aliaron con BlackRock para lanzar el fondo de renta local en bolsa el cual ha recaudado alrededor de 450 millones de dólares en sus primeros dos meses, lo que lo convierte en uno de los ETF de más rápido crecimiento en el año (Expansión, 2020).

Para el 2022, de acuerdo con las disposiciones administrativas emitidas por la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (CONSAR), las Afores deberán incluir principios ambientales, sociales y de gobierno corporativo dentro del cuestionario que realizan para analizar a las compañías donde invierten (Expansión, 2020).

Las empresas que son sólidas en materia de sostenibilidad se deberán convertir en el nuevo estándar de inversión a nivel global

Este tipo de fondos, al cubrir la parte de ESG, abre campo para clientes internacionales con apetito de invertir en México. Las calificaciones de riesgo de ESG generan beneficios para las emisoras, como son la captación de capital a un menor costo, programas innovadores de promoción, un mejor desempeño financiero, una mayor valoración debido a sus intangibles y una mejor mitigación de riesgo al identificar las áreas más expuestas en su operación.

Estudios han demostrado que la rentabilidad de empresas que conllevan estas acciones ha sido mayor a empresas que no lo hacen (PWC, 2020).

En lo que va del año, la industria ha visto 31.400 millones de dólares en flujos hacia ETFs ESG a nivel mundial, de los cuales el 59% son administrados por BlackRock. Aún durante la volatilidad de los mercados a comienzos del año, a causa de la pandemia, los flujos hacia ETFs sostenibles persistieron y resaltaron la creciente demanda hacia estrategias sostenibles (Inmobiliare, 2020).

Es importante que las empresas continúen con investigaciones y documentación sobre el desempeño de estos fondos, con el objetivo de perfeccionar los indicadores de gestión pero al mismo tiempo de crear posibilidades de expansión y bienestar para todos los grupos de interés en su conjunto. La información publicada deberá ser auditada por terceros especializados para validarla y evitar el greenwashing.

Por su parte, el gobierno puede apoyar con incentivos hacia las empresas ESG y con la creación de un marco legal para el cumplimiento obligatorio de estos indicadores. Las empresas que son sólidas en materia de sostenibilidad se deberán convertir en el nuevo estándar de inversión a nivel global, representando transparencia y eficiencia en los mercados financieros.

La autora

Luz del Carmen Díaz Peña es profesora investigadora del Departamento de Contabilidad y Finanzas, de la Escuela de Negocios, del Tecnológico de Monterrey, Región Sur. luzdiazp@tec.mx

 

Referencias

 

DEJA UN COMENTARIO

Por favor agrega un comentario!
Favor de ingresar tu nombre