Por José Manuel Oláis Govea
Artículo de divulgación científica

La cátedra ha sido la base instruccional del aprendizaje universitario tradicional y, hoy en día, debería verse como una reliquia de la era pre-digital. Es importante que la comunidad educativa establezca estrategias de innovación pedagógicamente sólidas y basadas en evidencia, contextualizadas en la realidad del mundo en que vivimos y caracterizadas por tener una alta colaboración con el ecosistema social en el que está inmersa la Escuela. Si la Educación Superior pretende detener la producción de una clase cognitiva de graduados, disfuncionales en el mercado laboral, es necesario intensificar y modificar las interacciones entre el espacio escolar y el espacio laboral.

La formación profesional se distingue por cambiar en sintonía con los sistemas sociales dominantes. Estos sistemas, al ser poseedores de la infraestructura de producción, dirimen las estructuras de trabajo y, a su vez, el curriculum de formación profesional de un individuo. Por otro lado, la ubiquidad tecnológica en todos los campos de la actividad humana somete profundamente la dinámica curricular universitaria y, al filo de esta recensión, es legítimo preguntarnos, ¿se trata de formar para el trabajo o se trata de formar para pensar y entender el mundo?

Actualmente, el nuevo orden social contiene el ideal de una educación con sentido humanista, con nuevas condiciones didácticas y curriculares para que los estudiantes adopten un proyecto de vida libre y responsable. Educar con sentido humano es contribuir al desarrollo de competencias de comunicación y colaboración, que permitan establecer una adecuada relación social a través de la promoción de un pensamiento creativo en la producción, reconstrucción y transformación de la cultura. Sin lugar a duda, los nuevos modelos educativos deben ser una expresión vertebrada y coherente de esta concepción curricular, reflejando el ideal pedagógico concebido por nuestra sociedad.

Aquí se pretende dar un ejemplo concreto de una innovación curricular que promueve un enfoque pedagógico donde, la Escuela y el espacio de trabajo, se funden para preparar con la mejor calidad a los estudiantes de ingeniería industrial y de sistemas en el Tecnológico de Monterrey.  A saber, la experiencia que narramos es el Semestre i llevado a cabo durante el semestre agosto – diciembre 2018, en la Escuela de Ingeniería y Ciencias, Campus San Luis Potosí. Esta innovación consiste en que los alumnos vinculen el conocimiento académico con un problema del mundo real propuesto por una empresa (o institución no escolar), ocasionando interacciones formativas entre alumnos (A), un equipo de soporte docente (ESD) y un socio formador (SF) que toma parte del proceso formativo que se lleva a cabo dentro de este nuevo entorno de aprendizaje.

El Semestre i tergiversa (suple todo un semestre de créditos dentro de un plan de estudios) la malla curricular y es el útero de una triada (ESD+A+SF) que soporta el entorno natural de aprendizaje crítico, que se conforma debido a las interacciones sociales, intelectuales y técnicas, de los actores involucrados. Durante el desarrollo del Semestre i, los estudiantes coexisten en el espacio laboral y el espacio escolar. En el primero colaboran directamente con ingenieros de la empresa y en el segundo reciben tutoría permanente del ESD para definir una solución articulada al problema real extraído de la planta por el SF.

El SF en cuestión pertenece a la industria automotriz y trajo consigo un problema localizado en el área de inspección visual de empaques utilizados en el sistema de frenado de automóviles. La problemática radica en el incremento de la productividad en la inspección visual y el consecuente incremento de personal que condujo a la idea de la expansión física del área. La planificación del Semestre i comenzó en enero del mismo año con un largo proceso de selección de los actores que le darían vida.

En este Semestre i se revalidaron seis cursos del programa de Ingeniería Industrial y de Sistemas: Control Estadístico de Calidad (S1), Administración de Inventarios (S2), Administración de la producción (S3), Modelos de optimización (S4), Análisis y mejora de sistemas de productivos (S5) y Emprendimiento (S6). Los cursos se distribuyeron en 15 módulos diferentes. El orden de trabajo de estos módulos estuvo basado en la secuencia de conocimientos y habilidades que los estudiantes requirieron para proponer una solución que satisfizo íntegramente a la triada: se dio una solución analítica y sistémica de implementación a mediano plazo, se desarrolló con éxito esta pedagogía que alberga en la Escuela el espacio laboral (y viceversa) y hubo un claro desarrollo de competencias disciplinares (CDx) y transversales de los estudiantes.

Evaluación del Semestre i.

Hoy sabemos que, como resultado de la implementación de las soluciones propuestas por los alumnos, la empresa ha obtenido un constante incremento en su productividad cuya métrica es el indicador Overall Equipment Effectiveness (OEE). La gráfica del OEE hace evidente un área de oportunidad que se agudiza entre los meses de enero (73.8%) y septiembre de 2018 (69.8%). Las soluciones propuestas al problema por el Semestre i se implementaron en enero de 2019.  Se observó un impacto en los rubros de ergonomía, suministro de materiales y el desarrollo humano del área. Ello contrajo un claro repunte del OEE en el mes marzo de 2019, alcanzando un 87.2%.

Gráfica OEE 2018-2020.

La innovación educativa es una acción perturbativa a la estacionariedad del proceso de enseñanza-aprendizaje. En el caso que nos ocupa, hablamos de haber perturbado la malla curricular de un programa de formación profesional. La oscilación del estudiante entre el espacio escolar y el espacio laboral, debido a un proyecto educativo razonado y planificado, promueve sus competencias, impacta en la calidad educativa que una institución ofrece y resuelve un problema concreto y real en el espacio laboral. El Semestre i desemboca en una clara relación ganar-ganar y se consolida como una innovación curricular que envuelve una pedagogía que se distingue por el acompañamiento de dos entidades de naturaleza distinta: el docente y el socio formador.

Para más información:

Regis-Hernández, F., Martínez-Medina, G., Borjas-Vázquez, H. C., & Olais-Govea, J. M. (2020, April). Semestre i as an Active Methodology to modify the Teaching-Learning Process in Engineering. In 2020 IEEE Global Engineering Education Conference (EDUCON) (pp. 652-666). IEEE.

Autores:

Fabiola Regis Hernández es profesora en la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey, Campus San Luis Potosí. Su investigación se enfoca a problemas de optimización, programación multiobjetivo y enfoques heurísticos. Sus proyectos se aplican a contextos de logística humanitaria, atención médica y sistemas de gestión de emergencias.

Georgina Martínez Medina es profesora en la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey, Campus San Luis Potosí. Ofrece consultoría sobre planeación y sistemas organizacionales a diversas empresas del sector productivo. Es especialista en desarrollo de proyectos vinculados con el entorno.

Hugo César Borjas Vázquez es laboratorista en la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey, Campus San Luis Potosí. Realiza múltiples proyectos en energías renovables haciendo investigación en electrónica de potencia  y diseño electrónico. Hace innovación educativa en el modelo educativo TEC 21 implementando retos en diversos semestres de los distintos programas de ingeniería ofertados en el campus.

José Manuel Olais Govea es profesor en la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey, Campus San Luis Potosí. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores y hace investigación en física de la materia condensada blanda. Es mentor del programa Writing Lab, Teclabs, del Tecnológico de Monterrey, por la Vicerrectoría de Investigación y Transferencia de Tecnología, con investigación en innovación educativa.

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