Por Martha Corrales Estrada

El número de personas a nivel global y en México trabajando remotamente, desde su casa, tiene ya varias décadas y ha crecido exponencialmente; pero en la actualidad, ha sido una “bala de plata” como medida para ayudar a contener el COVID-19, y para continuar con las actividades de trabajo, en todos los sectores. Este modelo de trabajo nunca ha sido tan oportuno como ahora, y esto también es gracias a las soluciones tecnológicas que cada vez ofrecen mayores facilidades para la movilidad, la interacción, la comunicación, la distribución de trabajo que sigue al sol y, sobre todo, que propicia un mayor balance trabajo-familia, que sea sostenible y pueda crear valor personal, organizacional y social.

Reconociendo que los dominios de acción de los individuos son el trabajo, la familia, la persona y la sociedad, el “home office” o el trabajo remoto desde casa, nos brinda continuidad en nuestras actividades diarias, practicando el distanciamiento social, sin dejar de estar conectados, y desempeñando nuestros distintos roles de forma efectiva, en todos los dominios, de manera simultánea.

Considero que no todos los trabajos pueden realizarse remotamente, en particular los que requieren de un servicio físico como la atención médica o el servicio logístico, pero este esquema y entrega de trabajo remoto es particularmente importante para la economía del conocimiento, trabajadores remotos, alumnos, profesores, investigadores, que requieren combinar la colaboración y la concentración. Para las áreas de recursos humanos en las empresas ha sido una estrategia para el reclutamiento y retención del talento.

La cultura de trabajar remotamente requiere fomentarse, porque para algunos el hecho de trabajar desde casa requiere mayor estructura en cuanto al diseño del trabajo y a la administración del tiempo, de tal forma que puedan compartirse y ejecutarse las mejores prácticas para comunicarnos, para colaborar y para coordinarnos de manera efectiva.

Para muchas personas, el trabajo remoto les permite dar continuidad a sus actividades, practicar el distanciamiento social, sin dejar de estar conectados.

El impacto positivo del trabajo remoto en el medio ambiente y la salud de los trabajadores es significativo. Dado que, en promedio, los mexicanos destinan por lo menos una hora al día a desplazarse, por la distancia y/o el tráfico, el hecho de evitar estos desplazamientos reduce el estrés, la contaminación y contribuye a que la gente se vuelva más productiva.

El COVID-19 es una disrupción global en un bien invaluable como es la salud, y la sociedad en su conjunto deberá contenerlo. Una estrategia para hacerlo de forma sostenible es trabajar desde casa, y la tecnología es una fuerza de cambio por excelencia para mitigar su propagación. Algunas de las megatendencias tecnológicas que también han reinventado a nuestras comunidades son el Internet de las Cosas, el GPS, el iPhone, las redes sociales, el Fintech, la inteligencia artificial, y “big data”, que han redefinido sectores e industrias, así como sus prácticas económicas y sociales. La modalidad de “home office” ha incorporado herramientas tecnológicas como Zoom para realizar videoconferencias; CANVAS como plataforma de gestión del aprendizaje; Googledrive para trabajar en documentos de colaboración en tiempo real; o Remind para realizar mensajes instantáneos en distintos grupos, sin requerir compartir el número de celular. Estas tecnologías nos permiten ahora, a individuos y organizaciones, mantener la distancia social ante el COVID-19 y continuar colaborando, más allá de tiempo y espacio, para generar valor a nuestras comunidades y a la sociedad, como nunca, pero sobre todo con una nueva percepción del valor de la comunicación, la colaboración solidaria y la conexión de individuos, instituciones y sociedad en su conjunto.

El COVID-19 ha replanteado nuestras actividades profesionales y personales. Para muchas empresas, tanto pequeñas como grandes, detona el diseño y entrega de nuevos modelos de negocio. Empresas como escuelas y universidades, cines, clubes deportivos, gimnasios, restaurantes, transportes, o giros que impliquen eventos masivos, tendrán que incorporar nuevas soluciones para sus grupos de interés. El “home office” es una modalidad clave, en la que se incorporan esfuerzos para mantener la distancia social y contener los contagios, para mantenernos comunicados, conectados y ser productivos, dando continuidad a las actividades económicas, pero sobre como una estrategia para recuperar el bienestar como sociedad.

La autora

Martha Corrales Estrada es Doctora en Administración. Es profesora e investigadora de EGADE Business School, del Tecnológico de Monterrey. mcorrales@tec.mx

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