Por Javier Fernando Zamudio Hernández
Ciencia Amateur

Antes de llegar al mundo desarrollado, cuando nuestros ancestros debían escapar de un depredador, el estrés era lo que los preparaba para evitar convertirse en “comida de león”, haciéndolos correr o pelear contra la amenaza que se presentara. Este estado de preparación para la huida se conoce como fight or flight (pelea o huida), y consiste en cambios que ocurren en el cuerpo para alistarse en caso de que sea necesario enfrentarse al peligro o escapar de este.

Sin embargo, cuando el estrés se presenta durante mucho tiempo se vuelve crónico, y se ha demostrado que  un estado prolongado de esta tensión física o emocional, puede llevar a un compromiso en el sistema inmune o de defensa, haciéndonos más sensibles a infecciones por patógenos oportunistas. Diversos estudios señalan que varias zonas del cerebro se ven afectadas por el estrés. En personas expuestas por periodos largos se observa una disminución en el tamaño de estructuras del sistema límbico (sistema formado por varias estructuras cerebrales que regulan las respuestas fisiológicas frente a determinados estímulos), y la corteza prefrontal (región frontal del cerebro), áreas encargadas de la resolución de problemas, planificación, toma de decisiones, alimentación, emociones y una infinidad de funciones más.

En nuestros días el ser humano ya no corre el peligro de ser atacado por un depredador, o al menos no en
situaciones cotidianas, por lo que se
puede pensar que al no tener que enfrentarse a esto, el estrés desaparecería, pero esto no ha sido así.

El problema es que la respuesta fight or flight se desencadena por cualquier situación que nos saque de la rutina o nos ponga un tanto nerviosos, sea o no de vida o muerte. Generalmente los problemas que crean este estado no tienen una solución inmediata o no son tan importantes, por lo que, al no resolverse en el mismo momento, las sensaciones de ansiedad persisten y tienen consecuencias graves.

Se sabe que, por ejemplo, los estudiantes universitarios se estresan por sus actividades, las cuáles no tienen una solución inmediata o no son tan importantes. Basta con hacerse la pregunta ¿Realmente no acreditar una materia debería causarme la misma sensación que estar siendo perseguido por un depredador? No, la respuesta es un tanto obvia, pero generalmente las personas no se ponen a pensarlo de esa manera.

Sentirse abrumado todo el tiempo puede traer consecuencias como depresión y bajo desempeño académico, por lo que es necesario saber controlar el estrés, para poder lograrlo, en los últimos años se han desarrollado diversos métodos.

El es uno de ellos, se define como la capacidad de estar en el presente de una manera equilibrada, con una actitud de aceptación y apertura. Con esto se refiere a que hay que vivir en el hoy, dejando atrás lo que ya pasó y no preocuparse por lo que aún no sucede. Este término se le repite a los estudiantes frecuentemente en sus escuelas. Llega a sonar absurdo, pero ¿será esta palabra una solución potencial a los problemas derivados del estrés?

En un estudio realizado en Taiwán se impartió un curso extra de meditación con una duración de un semestre a 152 estudiantes universitarios, teniendo a otros 130 sin haber recibido la clase extra, como grupo control. Seguido de esto, se les pidió a los 282 participantes que presentaran el Inventario de Efectividad del Aprendizaje Universitario (CLEI, College Learning Effectiveness Inventory) y se encontró que los 152 estudiantes a los que se les impartió el curso de meditación dentro del grupo prueba obtuvieron resultados considerablemente más altos en el examen y señalaron sentirse más concentrados durante el mismo. Este estudio demostró que la meditación prolongada mejora la efectividad del aprendizaje, la memoria, y reduce el estrés, aumentando el desempeño cognitivo en estudiantes universitarios y mejorando sus resultados en distintas actividades académicas.

La meditación no es algo sencillo ni garantiza funcionar inmediatamente. Se requiere de práctica y perseverancia. La mayoría de las personas piensan que meditar es absurdo e inútil, pero diversas fuentes científicas han mostrado lo contrario. En una publicación en la revista indexada BioMed Research, investigadores decidieron analizar el cerebro de personas constantes en la meditación y encontraron cambios fisiológicos significativos, localizados principalmente en las áreas encargadas de la resolución de problemas, el comportamiento adaptativo, e introspección.

La meditación funciona en la mejora del desempeño académico y en la concentración, de esto no hay duda y la evidencia científica lo respalda. Esta práctica hace que las personas se concienticen de su entorno y sus preocupaciones. De esta manera, en lugar de negar el estrés, se puede aceptar y aprender a manejarlo. Aunque todavía no se sabe a ciencia cierta cómo es que el cerebro se modifica físicamente al meditar, todos los estudios demuestran que estos cambios son reales.

 Mindfulness

El Mindfulness es un método efectivo para reducir los niveles de estrés, no toma más de diez minutos diarios, no tiene costo y se puede hacer desde la comodidad de tu hogar. Todos deberíamos practicar Mindfulness, aunque muchas veces existe la idea errónea de que esta práctica es inútil o no tiene fundamentación científica. Haciendo un poco de investigación es fácil percatarse que existen infinidad de evidencias científicas respaldando su funcionalidad y señalando las mejoras tanto físicas como interpersonales que brinda esta práctica a las personas que se vuelven constantes en ella.

Datos del autor:

Javier Fernando Zamudio Hernández, estudiante del tercer semestre de la carrera de Médico Cirujano en la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud, Tecnológico de Monterrey, campus Monterrey. a00824816@itesm.mx,

Para conocer más:

Ching, H. H., Koo, M., Tsai, T. H., & Chen, C. Y. (2015). Effects of a Mindfulness Meditation Course on Learning and Cognitive Performance among University Students in Taiwan. Evidence-based complementary and alternative medicine: eCAM, 2015, 254358. doi:10.1155/2015/254358

Dundas, I., Thorsheim, T., Hjeltnes, A., & Binder, P. E. (2016). Mindfulness Based Stress Reduction for Academic Evaluation Anxiety: A Naturalistic Longitudinal Study. Journal of college student psychotherapy, 30(2), 114–131. doi:10.1080/87568225.2016.1140988

Parmentier, F., García-Toro, M., García-Campayo, J., Yañez, A. M., Andrés, P., & Gili, M. (2019). Mindfulness and Symptoms of Depression and Anxiety in the General Population: The Mediating Roles of Worry, Rumination, Reappraisal and Suppression. Frontiers in psychology, 10, 506. doi:10.3389/fpsyg.2019.00506

Mariotti A. (2015). The effects of chronic stress on health: new insights into the molecular mechanisms of brain-body communication. Future science OA1(3), FSO23. doi:10.4155/fso.15.21

Boccia, M., Piccardi, L., & Guariglia, P. (2015). The Meditative Mind: A Comprehensive Meta-Analysis of MRI Studies. BioMed research international2015, 419808. doi:10.1155/2015/419808

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