Por América Martínez Sánchez

Sin duda nos ha tocado vivir una nueva condición retadora que nos exige adaptación creativa, reinvención, resiliencia y el redescubrimiento de los valores que nos hacen humanos. En esta pandemia causada por Covid-19, mucho se ha reflexionado, escrito y dicho de esta nueva situación global que nos ha hecho concientes de nuestra vulnerabilidad como seres humanos y de la debilidad de aquella ilusión de control que hemos cultivado con modelos mentales de egocentrismo y antropocentrismo. Estos modelos, necesariamente, se están y estarán reajustándose inevitablemente ante la nueva realidad que enfrentamos, misma que, a su vez, construimos con nuevas perspectivas que generan transformación de fondo y de forma.

La presencia en el mundo del un nuevo virus, COVID 19, que no conocíamos y que poco a poco lo hemos empezado a conocer por su implacable impacto, no solo en la salud humana, sino en cada uno de los ámbitos de la vida de las personas, ha trasformado nuestra “normalidad”, marcando un punto de quiebre, “un antes” y “un después”, y generado lo que ahora se suele denominar, “la nueva normalidad”.

¿Cómo hemos respondido a la crisis?

En esta sorpresa que nos envuelve, cada persona y entidad social, ha puesto en marcha todo lo que está a su alcance y más, para responder a la altura de lo que la situación demanda.

De manera especial he tenido el privilegio, no solo he observar sino de vivir como integrante de la Comunidad Tec, desde el 12 de marzo, la gran respuesta institucional que el Tec generó de manera determinada, responsable y comprometida, tan ágil y oportunamente (antes que ninguna otra institución educativa), que podría presumirse como “fácil” y que, definitivamente, no lo ha sido.

Cabe resaltar que, desde el primer momento, el Tecnológico de Monterrey, enfocó su dedicación en el cuidado de la Comunidad Tec; de todos sus colaboradores, profesores y, de manera especial, de los estudiantes y sus familias. Se ha evidenciado el gran compromiso de cuidar, muy responsablemente, a todos quienes conformamos esta comunidad.

En mi reflexión personal y profesional como profesora del Departamento de Gestión y Liderazgo, me siento orgullosa y cautivada por esta respuesta que el Tecnológico de Monterrey ha sido capaz de generar ante esta situación de dimensiones inesperadas, convirtiéndose además, en una actuación ejemplar y referente para otras organizaciones. El Tec de Monterrey, nuevamente ha sido ejemplo de integridad e inteligencia; de pasión por el servicio y el aprendizaje; de compromiso y calidez.

El conocimiento generado por la pandemia

Más allá de esta percepción y vivencia personales, es sumamente interesante observar la respuesta del Tecnológico de Monterrey, desde una perspectiva teórica, a partir de la que se pueden reconocer muchos de los elementos esenciales característicos de una organización estratégicamente competente, mismos a los que hace referencia un autor clásico, como lo es Thompson (Thompson et al., 2018) y que se van mencionando a continuación, entrelazados con la experiencia vivida.

La respuesta que desplegó el Tecnológico de Monterrey, exigió capitalizar todas las importantes capacidades y recursos que éste posee, que ha cultivado y desarrollado a lo largo del tiempo. Es pertinente recordar que los recursos son, todos los activos competitivos y productivos que una organización desarrolla y que, pueden ser tangibles (por ejemplo, la infraestructura tecnológica digital de vanguardia que el Tec posee) o intangibles (por ejemplo, la sólida cultura y estructura de valores de la Institución, así como el importante capital relacional y de confianza construido en la Comunidad Tec).

Las capacidades son las habilidades de una organización para realizar con destreza una actividad

Asimismo, las capacidades son las habilidades de la organización para realizar con destreza una actividad en diferente forma, diferente calidad e importancia, constituyéndose así, las posibilidades que tiene la organización de realizar de manera competente, eficiente y rentable, las actividades clave y esenciales. Es importante, resaltar que las capacidades organizacionales se basan en el conocimiento y residen en las personas y en su capital intelectual, así como en sus procesos y en sus sistemas organizacionales que tienen implicado conocimiento tácito.

Ejemplos sobresalientes de las capacidades del Tecnológico de Monterrey que hacen posible el despliegue exitoso de la estrategia, son las competencias técnicas disciplinares en los diferentes ámbitos que se requieren para realizar un análisis sólido de la situación y de las mejores opciones para la toma de decisiones integral y fundamentada, así como también, la capacidad de combinar y articular los recursos y las capacidades de la organización. En paralelo, otro tipo de capacidades son las competencias transversales de análisis, adaptación, flexibilidad, creatividad, innovación, resiliencia, aprendizaje y desarrollo de competencias (upskilling, enfocado a mejorar las habilidades de los colaboradores, y reskilling, que ha permitido ampliar el perfil y el expertise de los colaboradores en nuevos ámbitos de desempeño críticos en la situación actual que se vive) y la disposición y apertura, entre otras, que han sido la base para el desempeño organizacional, de equipo e individual, que ha dado vida a la estrategia de la Institución.

Es así, que se constata que el Tecnológico de Monterrey cuenta con grandes capacidades humanas e instrumentales que le hacen capaz, no solo de responder de manera profesional en tiempos de crisis para sí misma y todos quienes la conformamos, sino además, es capaz de generar un impacto determinante y positivo en la sociedad.

El capital humano es, sin duda, un factor clave para lograr responder de manera diferenciada, eficiente y efectiva

La gran riqueza que el Tec de Monterrey tiene en su capital humano es, sin duda, un factor clave que ha hecho posible su actuación diferenciada, eficiente y efectiva. La perspectiva teórica establece que la implementación de la estrategia depende de que, en cada nivel y en cada función de la organización, haya personas competentes. En el Tec de Monterrey, este principio se evidenció de manera clara. Cabe resaltar, por ejemplo, que colaboradores y profesores del Instituto se implicaron, sin ninguna duda y con todo compromiso y disposición personales, en la respuesta que exigió gran entrega.

El análisis de recursos y capacidades que el Tec realizó de manera estratégica ante la situación de la pandemia por COVID-19, cuando ésta empezaba a vislumbrarse, permitió articular esa gran respuesta a la que me he referido. Se sabe que el análisis de recursos y capacidades es fundamental para determinar la ventaja competitiva organizacional y, como en este caso, para potenciarla. Asimismo, permite, como lo ha hecho el Tec de Monterrey, vislumbrar en las restricciones y los espacios de oportunidad, enfrentando positiva y creativamente las amenazas que el contexto ha venido presentando. Esto describe objetivamente lo que el Tecnológico de Monterrey ha hecho de manera muy acertada y oportuna.

Algunos de los elementos que me resuenan en la realidad que vivimos en estos tiempos en el Tecnológico de Monterrey, pilares en la respuesta ante la pandemia, mientras, a su vez, los reconozco en la teoría sobre Estrategia, son, por ejemplo: La presencia de una cultura organizacional sólida y con gran fuerza alineada a los valores organizacionales, la articulación consciente y deliberada de las competencias de personas y de equipos, así como, de relaciones de cooperación que crean valor entre personas y equipos, la creación de comités estratégicos comprometidos y altamente competentes, la consulta a expertos, la revisión de mejores prácticas internacionales y,  en paralelo, un liderazgo bien plantado y comprometido, basado en los valores que nos conforman como una organización de gran solidez. La confianza en los líderes institucionales del Tec de Monterrey, constituye un importante capital que ha hecho posible la gran institución que se constituye, una vez más, como referente en tiempos de crisis, un sólido referente que inspira a aceptar el gran reto.

La autora

América Martínez Sánchez es Doctora en Innovación Educativa. Es Profesora Titular del Departamento de Gestión y Liderazgo, de la Escuela de Negocios, del Tec de Monterrey. Desarrolla actividades de consultoría, investigación, innovación, extensión y docencia a nivel profesional y posgrado. ammartin@tec.mx

Referencia

Arthur A. Thompson Jr., Margaret A. Peteraf, A.J. Strickland III, John E. Gamble, Alex Janes & Ciara Sutton (2018). Administración estratégica. Teoría y casos. McGraw Hill. Segunda internacional. Recuperado de: https://0-ebookcentral-proquest-com.biblioteca ils.tec.mx/lib/itesmmhe/detail.action?docID=5485816

2 COMMENTS

  1. Muy interesante, parce decir que el fundamento para seguir adelante en esta situación tan delicada es la sólida cultural organizacional. Sería sensacional que pudiera compartir el aterrizaje de la cultura en planes, programas, acciones y roles de las unidades organizacionales y las personas. Felicitaciones.

  2. Muy interesante quien nos iba a decir iba ser de cambios estándares de organización.
    ahora con esta pandemia nos lleva a un panorama de renovación, estrategia, organización y acciones de innovación trasformando vidas yo creo y tengo fe de que juntos a nuestra institución lo lograremos.

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