Por Jorge Alberto Ordóñez

El mundo tal como lo hemos conocido ya no existe, está cambiando en todo momento, vivimos en una era de cada vez más y más rápidos descubrimientos e implementaciones en básicamente todas las líneas de acción humana, y por ello, los sistemas económicos, las formas de producción, las maneras de gobernar, la educación, la salud, el trabajo e incluso nuestra sociedad misma se están transformando continuamente. Es por decirlo así y acorde a los tiempos, un cambio en tiempo real e interactivo.

La tecnología, las nuevas formas o plataformas de negocio, los nuevos estilos de liderazgo, la digitalización, la diversidad en la fuerza laboral, la personalización y demás elementos que podríamos poner en una lista interminable, son grandes fuentes e impulsores del cambio, y por supuesto, también de su nuevo ritmo. A lo largo de la historia siempre ha habido cambios, sólo que ahora han tomado una fuerza y un ritmo sin precedentes.

Enfrentar situaciones sin guión y sin certezas, nos obliga a ser más abiertos y planear a corto y a largo plazo

Todo lo anterior pareciera que describe un contexto amplio y caótico, y sí, es justo lo que pretendo expresar. Es por ello que me atrevo a decir que todo lo que conocemos y hemos conocido ya no existe, pues se encuentra en transformación constante, incluso a nivel biológico estamos cambiando, tal como lo dice Juan Enríquez Cabot en Ted.com.

A nivel de las organizaciones, un sinfín de situaciones ponen a prueba los recursos y las capacidades con las que cuentan. Ahora mismo están enfrentando situaciones complejas y altamente retadoras, pero la mayoría de ellas con una cultura que busca siempre el control, con poca o nula tolerancia a equivocarse, y con visión de corto plazo. Los desafíos requieren nuevas herramientas y enfoques, modelos que nos permitan reconocer que ya nada está escrito, y que los supuestos que anteriormente han sido exitosos, ahora podrían estar totalmente obsoletos. Necesitamos desarrollar en las organizaciones, una capacidad que permita estar alerta y una actitud de aprendizaje constante, de apertura al error y de las enseñanzas que nos deja, una capacidad de ser flexibles para cambiar las decisiones y romper las estructuras, una capacidad que nos permita construir y deconstruir.

Enfrentar situaciones sin guión, sin certezas, nos obliga a ser más abiertos, a planear tanto a corto plazo como a largo plazo, a monitorear y corregir, a tomar una postura proactiva. Si pudiéramos estar con un “mindset” de esta índole más tiempo, podríamos entender mejor muchos comportamientos, encontrar conexiones donde antes no las habíamos visto, discernir entre variables clave y estar más en contacto y en la posibilidad de crear, convertir e innovar.

Necesitamos desarrollar una capacidad que nos permita estar alerta y una actitud de aprendizaje constante

La actitud con la que enfrentamos los retos es de gran relevancia para convertirlos en una oportunidad de aprender y crecer. La adversidad nos pone a prueba y saca de nosotros lo mejor y lo peor, y ése es un riesgo que existe cuando dejamos que el lado oscuro sea el que nos guíe, pero si transitamos las situaciones con una actitud reflexiva, de aprendizaje, de enfoque, de experimentación, de colaboración, de ayuda, estoy seguro que no solo lograremos resolver aquello a lo que nos enfrentamos, sino que en el proceso lograremos transformarnos y crecer.

Sin duda, los conceptos y paradigmas relacionados al liderazgo se necesitan transformar, estamos ante una era en la que se requieren diferentes posibilidades, conocimientos y modelos. Muchas de las tecnologías blandas que hemos consolidado y aprovechado hoy en día ya no están funcionando, ya que fueron diseñadas para operar en otros contextos. Las organizaciones ya están teniendo problemas para desarrollar líderes con un dominio de lo digital, incorporar líderes jóvenes, y encontrar nuevos enfoques o paradigmas en la comprensión de las relaciones de trabajo, la productividad, el equilibro entre la vida personal y laboral, y el sentido de transcendencia.

Pensamos que la tecnología va a venir a cambiar el mundo, pero realmente los que lo haremos somos las personas, las comunidades, la sociedad. Pero si no tenemos un buen liderazgo, el cambio nos puede avasallar.

el líder que lidiará con este nuevo contexto que vivimos, requiere tener capacidades de pensamiento y proponer soluciones

El nuevo líder, el líder que lidiará con este nuevo contexto, requiere tener claras capacidades de pensamiento de diseño para entender y proponer soluciones a los problemas; ser capaz de realizar e impulsar el trabajo colaborativo y multidisciplinario; tener una visión clara de cómo integrar la tecnología a los diversos procesos que crean valor dentro y fuera de las organizaciones; tomar riesgos porque los modelos y mapas de ruta con los que contamos no están diseñados ni preparados para lo que viene (o incluso para lo que ya está sucediendo); sentir una gran pasión para pensar fuera de la caja e integrar las diversas visiones y formas en situaciones que den sentido a toda la organización y sus diferencias. Un verdadero reto para el que no estamos preparados y que necesitamos afrontar.

¿Eres líder?, no te asustes, sin duda no estás preparado, como no lo está nadie. Comprométete a diseñar el futuro, hazte de los recursos que requieras, conversa, discute, no tengas miedo de preguntar y decir que no estás preparado y equivocarte, construye en conjunto, con visión y con convicción, aprende y desaprende, y vuelve a aprender.

El autor

Jorge Alberto Ordóñez es profesor de la Escuela de Negocios del Tec de Monterrey. Cuenta con un doctorado en Gobierno y Administración Pública por el Instituto Universitario Ortega y Gasset de Madrid, España. Actualmente dirige el Departamento de Gestión y Liderazgo, de la Región Sur. jordonez@tec.mx

1 COMMENT

DEJA UN COMENTARIO

Por favor agrega un comentario!
Favor de ingresar tu nombre