Por Hugo Barrera
Artículo de opinión

Innovar en las ciencias de la vida demanda avanzar las ideas hasta conceptos debidamente probados. Cuando se trata de un nuevo diagnóstico, dispositivo o terapia experimental, idealmente se debe hacer con pruebas a nivel de prototipo y estudios de viabilidad técnica y comercial. Para que ello sea eficiente, lo mejor es contar con apoyos como: información de mercado, planes de negocios, fabricación de prototipos e investigación preclínica, o incluso clínica, entre otros; y por supuesto, contar con el financiamiento necesario.

Estos apoyos son la razón de lo que denomino como un Biopolo, que debe gestionarse en las instituciones del tipo de los centros médicos académicos dedicados a la atención, la investigación y la educación superior en salud, y que anhelen impactar en la sociedad que sirven, contribuyéndole mayor salud y bienestar.

Los servicios profesionales con los que idealmente debe contar un Biopolo, principalmente son:

  • Un Biobanco, para almacenar bioespecímenes para investigación que apoye en su procuración, transporte, procesamiento, resguardo y distribución, así como la base correspondiente con los datos demográficos, clínicos y de hábitos, y exposiciones ambientales de sus donantes.
  • Un Laboratorio de Medicina de Precisión que analice dichos bioespecímenes con herramientas como las “omicas” (destacadamente la lectura del genoma de las personas y la búsqueda de “firmas” transcriptómicas y proteómicas en sus bioespecímenes) para determinar: en personas sanas interesadas en su salud futura, sus riesgos a desarrollar enfermedades; en aquellas con sospechas de posibles manifestaciones de éstas, su detección temprana; y en enfermas, la mejor intervención posible para cada paciente en lo individual, guiados por pruebas diagnósticas acordes. Ello, apoyado por la nueva ciencia de datos.
  • Una Planta GMP, o centro de producción bajo buenas prácticas de manufactura (GMP; de acuerdo a la FDA), de agentes terapéuticos experimentales, como es el caso de la terapia celular a base de células madre.
  • Una Bioincubadora, designada para la evaluación de los prototipos de nuevos productos, procesos y servicios, con el fin de validar su potencial para originar patentes, licenciamientos y hasta nuevas empresas de base tecnológica.

Y, por último, todos estos elementos se pueden complementar con:

  • Una Aceleradora de Investigación Clínica, la cual agiliza el diseño, procuración de financiamiento, aprobación regulatoria y evaluación experimental mediante rigurosos protocolos clínicos, de los nuevos conceptos derivados de los descubrimientos e inventos de los laboratorios de investigación.

Un Biopolo es, uno de los mejores acompañamientos que las referidas instituciones pueden brindarle a sus investigadores en sus anhelos de convertir sus innovaciones diagnósticas y terapéuticas en más salud y bienestar social.

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El doctor Hugo Barrera es profesor investigador en Bioinformática para el Diagnóstico Clínico en la Escuela de Medicina del Tec de Monterrey. Biólogo de la Facultad de Ciencias Biológicas, UANL en 1979, y tiene el doctorado en Biología Molecular por la Universidad de Texas, Health Science Center, Texas en 1982. Realizó un Postdoctorado en Ingeniería Genética en la Universidad Louis Pasteur en Francia, 1984. Cursó su especialidad en Conversión de Tecnología en Capital por el ICC-Austin y el ITESM en 1999.
hugoa.barrera.s@tec.mx

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