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Por Ignacio Romao, Maximiliano Zavaleta y Gabriela Monforte
Artículo de divulgación científica

El desarrollo sustentable implica resolver los grandes retos del desarrollo humano que recientemente han sido exacerbados por la pandemia.

La pobreza a nivel mundial se ha incrementado debido a la contracción económica ocasionada por el aislamiento social derivado del grave problema de salud; sin embargo, los sectores más afectados han sido aquellos que, aún en las condiciones previas a la pandemia, ya se encontraban rezagados respecto al acceso a los recursos (UN, 2021).

Forman parte de este sector vulnerado las mujeres y las niñas quienes, tanto en el ámbito público como en el privado, reciben un trato desigual que las aleja de un desarrollo pleno (UN,2021).

A nivel mundial los esfuerzos para combatir la desigualdad se manifiestan a través de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), un conjunto de objetivos globales adoptados por líderes mundiales para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad.

En el objetivo 5: igualdad de género, se resalta el efecto que la pandemia ha tenido en el retroceso de los avances por la igualdad entre hombres y mujeres, y también el rezago en las acciones para erradicar la violencia de género (UN, 2021). No obstante, las propuestas para avanzar a la igualdad se han redoblado poniendo más énfasis en las condiciones de vulnerabilidad en las que se encuentran millones de mujeres.

Por otra parte, el objetivo 8: trabajo decente y crecimiento económico, establece que “un crecimiento económico inclusivo y sostenido puede impulsar el progreso, crear empleos decentes para todas y para todos y mejorar los estándares de vida” (UN, 2021, s.p). También se resalta el rol del sector financiero cuando en la meta 8.10 se señala que debe fortalecerse la capacidad de las instituciones financieras para fomentar y ampliar el acceso a los servicios bancarios, financieros y de seguros para todas y para todos.

En el objetivo 10: reducción de las desigualdades en y entre países, se consolidan las propuestas de los objetivos anteriores al enfatizar la necesidad de generar las condiciones para la igualdad de género mediante el desarrollo de los espacios y procesos para la inclusión de las mujeres en el sector económico y financiero. Es un hecho que siendo las mujeres quienes ocupan la mayor cantidad de empleos informales son ellas las que tienen menos acceso a la protección social, a un trabajo digno y a un paquete de pensiones; por ende, el foco de atención se centra en generar espacios y oportunidades para la inclusión financiera de las mujeres (UN, 2021).

Inclusión financiera con perspectiva de género

Como se menciona en los textos de Naciones Unidas, una manera de avanzar hacia la igualdad es incluyendo el concepto de perspectiva de género en los procesos y acciones vinculadas al sector económico y social. Por tanto, surge la pregunta: ¿Qué es la perspectiva de género?

Carmona-Valdez (2015) menciona que la perspectiva de género son los proyectos y acciones que, además de revelar la desigualdad entre hombres y mujeres, generarán alternativas para la equidad.

Por su parte, Fernández, C. (2010) señala que la equidad de género se entiende como la justicia en la distribución de los recursos disponibles (oportunidades) como retribución justa de las funciones realizadas por los hombres y las mujeres.

Vinculando los dos conceptos anteriores a la definición de inclusión financiera, se podría decir que la inclusión financiera con perspectiva de género es el proceso de promoción y acceso a una amplia gama de servicios y productos financieros regulados y la ampliación de su uso hacia todos los segmentos de la sociedad incluyendo actividades de sensibilización y educación financiera que revelen y resuelvan las desigualdades entre hombres y mujeres para que ambos puedan gozar de un bienestar financiero, económico y social (Roa, 2013).

Limitaciones y beneficios de las mujeres

Mediante la presente investigación, que forma parte de los proyectos realizados en el marco de las acciones que se desarrollan en el FAIR, Center for Financial Access, Inclusion and Research, resultado de la alianza entre Master Card y el Tecnológico de Monterrey, se pretende mostrar evidencia de las limitaciones y los beneficios de la participación de las mujeres en el sector financiero en México, siendo la base para entender la importancia de la inclusión financiera con perspectiva de género.

Algunas preguntas, derivadas del objetivo anterior, a las que se intenta dar respuesta a través de la presente investigación son las siguientes:

  • ¿Existe igualdad entre mujeres y hombres con relación al acceso a puestos relevantes para la toma de decisiones en las organizaciones en México?

Las mujeres están mayormente representadas en los sectores económicos de baja productividad o en la economía informal (PNUD, 2020).

Algunos datos respecto a la disparidad entre hombres y mujeres muestran que menos de la mitad de las mujeres mexicanas en edad de trabajar participan en el mercado laboral (tasa más baja de los países pertenecientes a la OCDE). De las mujeres que trabajan, más allá de las labores del hogar y del cuidado, el 60% ejecutan trabajos informales con baja protección social, alta inseguridad y baja remuneración.

En el ámbito del acceso a la toma de decisiones, solo el 16% de las mujeres en México ocupan posiciones directivas y tan solo el 8% llega a direcciones generales. A medida que se incrementa la posición jerárquica, la presencia de mujeres disminuye significativamente (McKinsey & Company, 2021).

  • ¿Existen diferencias en el desempeño financiero, en responsabilidad social y en cuidado ambiental de las empresas lideradas por mujeres, comparadas con las empresas lideradas por hombres?

Empresas que tienen representaciones femeninas en sus comités, en promedio, mejoran en un 47% el retorno sobre el capital accionario, en un 28% al valor económico agregado y en un 55% al margen operativo de una organización (McKinsey & Company, 2021).

Un estudio comparativo entre México y Colombia muestra que, respecto a la adopción de prácticas de responsabilidad social empresarial, Colombia evidencia mejor desempeño en las dimensiones ambiental y social con presencia de mujeres en el consejo de administración, y en México la presencia de mujeres en ese nivel generó un rendimiento financiero superior en rentabilidad, liquidez y presencia internacional. (Reyes, Briano, Saavedra, 2020).

Las mujeres tienen una alta relevancia en la economía mexicana. De acuerdo con Forbes México, generan el 37% del PIB de México. Pese a su importancia, aún en 2021, solo el 47% de las mujeres en México tienen acceso a instituciones financieras y únicamente el 10% logran caracterizarse como empresarias. Estos datos solo mejoraron en un 0.8% en la última década, de acuerdo con los resultados realizados por INEGI (2021).

  • ¿Por qué la perspectiva de género propicia la inclusión financiera?

La falta de financiamiento se traduce en una falta de supervivencia de las empresas fundadas por mujeres, las cuales en su mayoría son pequeñas y medianas. En México, tres de cada cinco PyMEs son fundadas por mujeres (INMUJERES, 2020). No obstante, las mujeres propietarias de negocios solo representaban el 16% del sector empresarial. (INEGI, 2021). El financiamiento se vuelve especialmente gravoso debido a trámites excesivos, altas tasas de interés, falta de garantías y recursos (Saavedra, Aguilar, Tapia, 2016).

En 2018 sólo el 35% de las mujeres tenían acceso al sistema financiero y un escaso 19% contaba con un plan de seguros (PNUD, 2020). Estos números reflejan la falta de inclusión financiera de las mujeres, que puede deberse a un sesgo cultural.

La inclusión financiera con perspectiva de género pretende generar alternativas para resolver los problemas mencionados empoderando a las mujeres, es decir, incrementando su capacidad para gestionar y decidir sobre el uso de los recursos financieros y productivos en beneficio de su desarrollo y bienestar (INMUJERES, 2015).

Dentro de las acciones de la inclusión financiera con perspectiva de género también está el visibilizar y erradicar la violencia financiera, la cual implica la pérdida del control de los recursos financieros en el ámbito familiar y en el entorno privado. Este tipo de violencia, vinculado al elemento cultural ya mencionado, tiene muchos efectos, dentro de los cuales se encuentran la falta de empoderamiento financiero, la exclusión del sistema financiero y poca o nula base en educación financiera (Morales, 2020).

Conclusión

Los elementos anteriores dan evidencia sobre la desventaja en la cual se encuentran las mujeres respecto a la inclusión financiera. La evidencia documental demuestra que las mujeres tienen menos acceso a puestos de alta jerarquía; menos acceso a créditos, financiamiento y servicios de instituciones financieras; menor acceso a los beneficios como la seguridad social, la pensión y los demás beneficios ligados al trabajo formal; mayor dificultad en el manejo de sus propios recursos y una constante victimización en abusos patrimoniales y económicos.

Estos datos ayudar a dilucidar el nivel de inclusión financiera especialmente precaria en la cual se encuentran las mujeres en México. No obstante, los datos también sugieren el importante beneficio que para el desarrollo sustentable supone incluir a las mujeres de manera equitativa en la economía.

Trabajando por igualar las oportunidades y el acceso al mundo financiero, como se menciona anteriormente, resultará en beneficios en los ámbitos ambientales, sociales y económicos de las empresas y por ende de las naciones. Dadas estas circunstancias, es razonable concluir que nos encontramos ante una profecía autocumplida: las Naciones Unidas señalan que la equidad entre personas y naciones; la inclusión de las mujeres y su empoderamiento llevará a sociedades más igualitarias que se traducirán en un desarrollo sustentable en el largo plazo.

Autores

Ignacio Romao Aguirre, es estudiante de Administración Financiera en el Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey, México.

Maximiliano Zavaleta Monforte, es estudiante del doble grado en Economía y Derecho en la Universidad de Navarra, Pamplona, España.

Dra. Gabriela Monforte García, es profesora de la Escuela de Negocios en el Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey, México.

Referencias

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