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Por Luis Marcelo Lozano Sánchez

Tómate unos segundos para pensar en la ropa de tu clóset. ¿Crees que tienes poca ropa, o que ya es vieja y que es momento de ir de compras al centro comercial para incrementar o renovar tu guardarropa? Si tu respuesta fue sí, habrías dado una respuesta que es normal en la mayoría de la gente, pero que esconde un problema global de enormes dimensiones en el que pocos han pensado.

La producción en masa de las fibras textiles de mayor uso en la industria de la moda, como el algodón, el poliéster y el nylon genera grandes y diversos impactos ambientales. Algunos números crudos revelan que un aproximado de 70 millones de barriles de petróleo se requieren cada año para cubrir toda la demanda de poliéster, una fibra sintética que tarda cientos de años en descomponerse. En el caso de las fibras naturales, se podría pensar que el daño es menor pero no es así. El algodón es el cultivo que más plaguicidas consume (24% de todos los insecticidas, y 11% de todos los pesticidas del mundo), sumando además los más de 200 mil millones de metros cúbicos de agua necesarios para la producción anual de esta fibra natural.

El problema se agrava por tres realidades. La primera, es el crecimiento de la población mundial puesto que la ropa se usa por prácticamente la totalidad de los seres humanos que vivimos el planeta, sin importar edad, sexo, nacionalidad, o estatus económico. Esto nos convierte a todos en parte del problema. La segunda realidad es el modelo “fast-fashion” (moda rápida), que ha tenido un notable incremento en las últimas décadas. Este modelo consiste en producir una gran cantidad de prendas sin importar la calidad y el tiempo de vida útil del producto, lo que incita muchas veces a comprar lo que no necesitamos, y desechar las prendas después de usarlas solo unas cuántas veces (normalmente, no más de 10 veces). Es prácticamente moda desechable.

La tercera realidad es el hecho de que la industria textil, enfocada en la moda, es una industria que contamina a lo largo de todo el ciclo del producto, es decir, durante su producción, su uso, y su disposición final o desecho. Como ya se mencionó antes, la producción requiere de petróleo, pesticidas, agua y otros recursos, dependiendo de la fibra. Durante su uso, el mantenimiento de las prendas se realiza a través de ciclos de lavado-secado que requieren tanto energía como productos químicos. Y finalmente, millones de prendas terminan en vertederos en donde se acumulan durante cientos de años. Una cuarta realidad está empezando a tomar más relevancia, y es la generación de micro-plásticos que terminan vertiéndose al mar.

¿Existe una solución a esta problemática?

En consideración de esta gran problemática global, un proyecto que involucra al programa de colaboración Tec-MIT ha brindado una prometedora solución, potencialmente sustentable, que consiste en el uso de polietileno como fibra sintética para prendas de vestir. El polietileno (PE) es un polímero ampliamente disponible que ha sido descartado durante años para su uso en telas debido a su estructura química, la cual le impide que pueda absorber agua, una propiedad indispensable para la ropa porque representa la capacidad para remover el sudor del cuerpo y brindar confort al usuario. Además, esa misma estructura impide que el PE pueda teñirse usando las mismas técnicas convencionales que se usan para brindar color a las fibras que se usan actualmente como el algodón, el poliéster, entre otros. Esto se considera otra gran barrera puesto que en la industria de la moda, la gama de colores usados es muy amplia.

Sin embargo, la absorción de agua por parte de las fibras de PE es posible debido a la modificación de las propiedades estructurales y superficiales de las fibras de PE. Esta modificación de propiedades genera que la tela de PE requiera menos tiempo de secado en comparación con las fibras de algodón o poliéster, una cualidad que sin duda sería de gran relevancia en ropa deportiva. Por otro lado, la estructura química simple del PE permite que los ciclos de lavado sean más sustentables.

En una prueba hecha por los científicos responsables de esta investigación, se demostró que tras manchar pequeños pedazos de telas de algodón, poliéster, lino y PE con un colorante de comida, un lavado rápido de 30 segundos usando agua fría era suficiente para remover la mancha del PE, mientras que las otras telas aún conservaban una coloración residual, es decir, no se limpiaron completamente. El reto de la coloración de las fibras de PE ha sido resulto por los científicos participantes en el proyecto mediante el uso de nanopartículas dentro de las fibras.

Es así que los hallazgos de este proyecto brindan la posibilidad de reducir sustancialmente el impacto ambiental de la industria textil, máxime si se toma en cuenta que el PE es un polímero potencialmente reciclable.

¿Te imaginas que las bolsas de plástico que lamentablemente terminan en el mar, las cuales están hechas de PE, puedan algún día ser procesadas y convertidas en una sudadera, una playera para ir al gimnasio, o en un zapato?, la posibilidad está latente y significaría un gran avance para un planeta más limpio.

¿Quieres saber más?

Lee el artículo científico: “Sustainable polyethylene fabrics with engineered moisture transport for passive cooling”, publicado esta semana por el doctor Luis Marcelo Lozano y otros autores en la revista Nature Sustainability.
https://www.nature.com/articles/s41893-021-00688-5

El autor:

Luis Marcelo Lozano Sánchez es doctor en Ciencias de Ingeniería, egresado del Tecnológico de Monterrey (2017). Es profesor en el Departamento de Ciencias del campus Guadalajara, e investigador adscrito al Grupo de Investigación en Nanotecnología para el Diseño de Dispositivos. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel I).

Contacto: marcelo.lozano@tec.mx

 

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