Por Shelsya Merany López, Jacqueline Castillo y Enrique Guerrero*
Artículo de divulgación

“No te tomes la vida demasiado en serio. Nunca saldrás vivo de ella”, dijo Elbert Hubbard en su obra A Thousand & One Epigrams: Selected from the Writings of Elbert Hubbard (1911). A pesar de la certeza en esta frase, muchas personas a través de los tiempos han sufrido del “Síndrome General de Adaptación”, que el médico Hans Selye acuñó en 1936, como resultado de sus observaciones en pacientes que mostraban pérdida de apetito, agotamiento, baja de peso, entre otros síntomas. En pocas palabras, Selye describió las respuestas básicas y el desenlace que vive el organismo ante situaciones de estrés, como aquel por el que cursan los estudiantes durante periodo de exámenes y de evaluaciones semestrales.

Hoy en día las universidades de gran prestigio vinculan a sus alumnos a programas de alto rendimiento con una alta calidad académica, lo que expone a muchos de ellos a niveles elevados de estrés debido a la demanda en la realización de proyectos y tareas. Sin embargo, ¿qué es el estrés? El estrés es un proceso natural que surge como respuesta del organismo ante situaciones que perturban su estado de bienestar, generando diversas señales de alarma tanto externas como internas, provocando que la persona pierda su balance.

El estrés tiene tres fases características: la fase de alarma, la fase de resistencia y la fase de adaptación. La fase de alarma, se caracteriza por el desarrollo de alteraciones de carácter psicológico y fisiológico con señales de ansiedad, inquietud, y falta de apetito. La fase de resistencia o adaptación se caracteriza por la búsqueda del equilibrio perdido, en donde la persona pone en acción procesos compensatorios desde un punto de vista emocional, cognitivo, fisiológico, etc., con el fin de reducir el estrés; si estos últimos no llegan a compensar el equilibrio generan trastornos fisiológicos y psicosomáticos que disminuyen el rendimiento de la persona y su resistencia en general. Por último, la fase de agotamiento, presenta trastornos crónicos o irreversibles a nivel psicosocial, psicológico y fisiológico. Unas de las múltiples causas del estrés son los estímulos o eventos académicos, lo que llevó a los doctores Berrio García y Mazo Zea a definir el estrés académico como “una reacción de activación fisiológica, emocional, cognitiva y conductual ante estímulos y eventos académicos”.

El estrés, ya sea causado por factores académicos y otros, induce una pérdida en el balance integral en algunos de los estudiantes, desencadenando reacciones emocionales y físicas desfavorables. Una de estas reacciones físicas es la de carácter dermatológico, son las lesiones de eczema, las cuales se caracterizan por la presencia de máculas, pápulas y placas eritematosas y/o exudativas, es decir, una combinación de lesiones cutáneas sobreelevadas caracterizadas por un marcado enrojecimiento y ocasionalmente con la aparición de escamas; dichas lesiones se podrían originar en estudiantes con algún tipo de dermatitis. Existen diferentes tipos de dermatitis: seborreica, herpetiforme, dermatitis atópica, entre otras. Aquí nos enfocaremos en la dermatitis atópica por su peculiaridad y alta frecuencia.

La dermatitis atópica es una enfermedad dermatológica caracterizada por una necesidad desenfrenada por rascarse, debido a una sensación molesta en la piel, causando un eczema o inflamación en las áreas rascadas. Cabe señalar que dicha enfermedad no es contagiosa.

La presencia de dermatitis atópica puede ser causada por factores exógenos y endógenos. En el caso de los factores endógenos, la aparición de esta enfermedad está mediada por factores hereditarios. Por otra parte, algunos de los factores exógenos que desencadenarán esta enfermedad son el medio ambiente, la exposición con animales y el estrés académico, entre otros factores.

Como parte de un proyecto del curso de Investigación y Recursos Tecnológicos en Salud, bajo la asesoría del Dr. Mariano García y del Dr. Enrique Guerrero-Beltrán, aplicamos una encuesta entre alumnos del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey, para conocer la prevalencia de dermatitis atópica en los estudiantes y cómo el estrés académico influía en el desarrollo de la misma, sobre todo en periodo de evaluaciones. Utilizamos la encuesta Perceived Stress Scale (PSS) de Sheldon Cohen, en su versión española, para medir los niveles de estrés académico, la cual arrojó que durante exámenes finales la media de los estudiantes obtuvieron valores promedio de 29, lo que se considera un nivel de “estrés alto”. En esta escala, los resultados de 0-13 deberán ser considerados como bajo estrés, 14-26 se consideran como mediano estrés y de 27-40 se considera como un alto nivel de estrés.

También comprobamos que los alumnos con dermatitis atópica que tienen un nivel de estrés alto presentan mayor aparición de eczema durante esa misma semana que los que tienen un nivel de estrés menor. Por lo tanto, determinamos que existe una relación directamente proporcional entre el estrés académico causado por exámenes finales y la aparición de eczema.

“Durante exámenes finales estoy bajo mucho estrés y ese estrés coincide con la aparición de eczema por dermatitis atópica de manera muy evidente”, expresó un estudiante de la carrera de Trayectorias de Salud, del Tecnológico de Monterrey.

Como mecanismos de prevención y control del estrés en los alumnos, el Tecnológico de Monterrey ha implementado herramientas para el bienestar integral tales como Mindfulness y la práctica de deporte y actividades culturales, o la apertura recintos como Punto Blanco, un espacio diseñado para la introspección, la meditación y el encuentro profundo con uno mismo para fortalecer el espíritu.

Con el uso de las herramientas y los nuevos espacios proporcionados por el Tecnológico de Monterrey, los estudiantes podrían disminuir los niveles de estrés general y aquellos estudiantes con dermatitis atópica podrán reducir la incidencia de eczema agudo durante periodos de estrés académico.

* Los autores:

  • Shelsya Merany López Duarte y Jacqueline Castillo Martínez son estudiantes del segundo semestre de la carrera “Trayectorias de Salud”.
  • Enrique Guerrero Beltrán es profesor-investigador del Grupo de Enfoque “Medicina Cardiovascular y Metabolómica”, del Tec de Monterrey, y pertenece al Sistema Nacional de Investigadores de Conacyt.

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